Rutas por mes

Domingo, 2 de enero de 2011

Buzón del monte Atxabal

DATOS DE LA RUTA:

Acceso: Localidad alavesa de Domaikia, situada a 652 m de altitud y perteneciente al ayuntamiento de Zuia. Para llegar allí desde Bilbao tenemos que coger la AP-68 y tomar posteriormente la salida 5 para incorporarnos a la N-622 (autovía de Altube). A continuación cogemos la salida 21 y nos situamos en  la A-3600 dirección Ametzaga y Murgia. Por último, en la misma localidad de Murgia tomamos una desviación a la derecha para continuar por la A-4413, la cual nos conduce a la localidad de Domaikia.

Desnivel positivo: 392 m  (654 m de desnivel acumulado).

Distancia: Unos 6´68  km (ida y vuelta).

Tiempo aproximado: 1 h 55 min (1 h de ascensión).

Dificultad: Fácil.

Las Peñas de Oro constituyen un pequeño macizo calcáreo levantado en pleno corazón del valle de Zuia, el cual se encuentra circundado por el macizo del Gorbeia y las sierras de Arrato, Badaia y Gibijo. La cota más importante de este valle alavés la constituye el Atxabal, un monte rocoso de 896 m de altitud.

La ruta aquí descrita ofrece un recorrido circular en el que se visitarán el Monte de Oro, la cima de Atxabal y el santuario de Nuestra Señora de Oro, teniendo como punto de inicio y llegada la localidad alavesa de Domaikia.

DESCRIPCIÓN DE LA RUTA REALIZADA:

Domaikia nos ha recibido hoy sin lluvia. Y, como somos personas de buen talante y fácil conformar, con eso ya nos damos por satisfechos. No necesitamos más. Así que, animados y contentos, nos calzamos las botas, nos colocamos las mochilas a la espalda y nos disponemos a iniciar un agradable domingo montañero.

Tras dejar los coches aparcados junto a la iglesia de San Bartolomé, nos dirigimos dirección noreste y tomamos la primera desviación a la izquierda. Pasamos junto a un lavadero y  una fuente de agua no potable y continuamos adelante por una carretera que asciende por detrás de la iglesia. Cogemos después una nueva desviación a la izquierda, la primera que nos encontramos por el camino, la cual nos conduce hasta el pequeño cementerio de la localidad. Justo allí sale una desviación a la derecha, que es la que tenemos que tomar.

Junto a la iglesia de San Bartolomé

Desviación al lado del cementerio

Fuente y lavadero en Domaikia

A partir de este momento el asfalto da paso a una ancha pista de barro y barro y más barro. Y es en estos embarrados momentos de la vida cuando más te percatas del gran logro humano que supuso la invención de la lavadora. Ciertamente que sí.

Continuamos caminando cuesta arriba por el barro, un barro semi-arcilloso, espeso y pegajoso muy del gusto de los niños, y llegamos sin ninguna caída ni resbalón reseñable (sentido del equilibrio que tenemos) hasta el conocido como paso de Megarai, que no es nada más y nada menos que una portada metálica de color verde, la cual abrimos, cruzamos y después cerramos como buenos y formales caminantes que somos.

Pista embarrada

Puerta metálica verde

Seguimos ascendiendo por la pista y, justo en el momento en que ésta comienza a descender dirección al santuario de la Peña de Oro, la abandonamos para continuar por una ladera herbosa que se alza a nuestra derecha. Desde aquí ya se puede vislumbrar entre la niebla el gran repetidor de televisión y la cruz que corona la cima del Atxabal.

Llegamos a lo alto de la ladera, donde emergen unos bonitos espinos cargados de muérdago. Y, cómo no, alguno aprovecha para arrancarle a un árbol una rama de esta planta semiparásita con probadas propiedades terapéuticas asociada hoy en día a la Navidad que –según una antigua tradición procedente de los druidas celtas– posee poderes mágicos. Precisamente de los celtas hemos heredado la tradición de colgar un ramillete verde de esta planta a la entrada de los hogares. Y darse un beso bajo esta planta en Navidad nos confiere –eso dicen– amor eterno y mucha suerte para el año entrante. Naturalmente que no es un hecho demostrado científicamente, pero no se pierde nada por probar. Digo yo.

Desviación a la derecha

Muérdago

Tras esta larga digresión para hablar del muérdago, continúo con el tema que nos ocupa: la ascensión al Atxabal.

Pues bien, llegamos –como he dicho– al lugar ese de los espinos y el muérdago, que no es nada más ni nada menos que una cota herbosa denominada Monte de Oro, conocida por otros con el nombre de Indusi, de 816 m de altitud, la cual, seguramente, ofrecerá unas hermosas vistas los días que no hay niebla. Allí nos sacamos una foto algunos de nosotros porque a un niño se le antoja. Los que no salen en la foto es porque estaban por ahí correteando por la campa.

En el Indusi o Monte de Oro

En la cima del Atxabal

A continuación descendemos por la ladera situada a nuestra izquierda, dirección noreste, hacia un collado que se encuentra a nuestros pies. Una vez en él remontamos por otra ladera (siempre subiendo y bajando que estamos), cruzamos una pista y seguimos ascendiendo hasta llegar a un pequeño bosque de hayas y robles. Allí seguimos por un sendero que se dibuja entre los árboles y que nos conduce a una ancha pista que describe varias y pronunciadas curvas antes de alcanzar la cumbre del Atxabal, con su repetidor de televisión, su vértice geodésico, su buzón del club de montaña Gazteiz  del año 97 y su cruz de hierro de siete metros y medio instalada en 1954 con ocasión del año mariano celebrado ese mismo año. No le falta de nada.

Dicen que en días despejados las vistas desde allí son espectaculares. Eso dicen. Y yo hago un acto de fe y me lo creo. Nos sacamos unas fotos, disfrutamos unos minutos no de las vistas pero sí de la compañía y retomamos la pista por la que habíamos subido.

Hacia el santurario de Nuestra Señora de Oro

Justo en la primera curva que nos encontramos bajando, a escasos minutos de la cima del Atxabal, abandonamos el camino y cruzamos al otro  lado de una valla de madera allí situada para comenzar a descender dirección oeste hacia el santuario de la Peña de Oro (774 m), adonde llegamos después de lanzarnos varios bolazos de nieve por el camino.

Allí, en un pórtico interior que da acceso al lugar donde se oficia la misa, hay un imagen de San Prudencio, patrón de Álava, y una inscripción bajo la misma en la que se puede leer lo siguiente, que transcribo literalmente: “Vio el mundo desde el punto más alto. La cima del Everest  8.848 mtrs. Acompañando y amparando a la 1ª expedición Alavesa 16-5-93. Traída a este Santuario por miembros de dicha expedición socios del C.M. GAZTEIZ 2-6-96”. Y, después de leído este texto, extraigo la siguiente conclusión: que yo de mayor quiero ser como el San Prudencio ese, y que me lleven al Everest y me traigan después sana y salva a casita. Y sin sudar ni nada, oye.

Y en el santuario de Nuestra Señora de Oro, patrona del valle de Zuia, comemos bajo unos acogedores pórticos exteriores y después iniciamos el camino de retorno a Domaikia.

En el pórtico del Santuario

Después de comer

Para ello descendemos por la carretera que sube al santuario y, tras cruzar una barrera metálica, tomamos una desviación a la derecha que nos conduce, tranquilitos y felices, hasta la pequeña y pintoresca localidad de Domaikia. Después nos dirigimos desde allí a Murgia, pero ya en coche, naturalmente, donde nos tomamos, como siempre, algo calentito en un bar e iniciamos una animada charla en la que, también como siempre, salen ideas, proyectos, más ideas y más proyectos. Y es que es bonito tener ilusiones, sueños y aspiraciones en la vida. Esto es, al fin y al cabo, lo que nos mantiene vivos, ilusionados, despiertos y con ganas de seguir adelante.

Ruta y perfil de la marcha realizada

(Para ampliar la imagen pincha sobre ella y, a continuación, vuelve a hacer click encima)

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