Rutas por mes

Domingo 13 de mayo de 2012

Cruz del Castillo

DATOS DE LA RUTA:

ACCESO: Desde la localidad de Lagrán (Araba)

DESNIVEL: 509 m

DISTANCIA: 9,7 Km

DIFICULTAD: Media

Situada en la zona central de sierra de Toloño, divisoria natural entre la Montaña Alavesa y la Rioja Alavesa, se alzan sobre Lagrán o Laguardia, según la vertiente desde la que se mire, los picos más abruptos de este extenso cordal, entre ellos la Cruz del Castillo, uno de los más conocidos. A ello contribuye su característico crucerío cimero (visible desde Lagrán) y, sobre todo, su proximidad al portillo del Toro, ancestral paso de la ruta comercial del vino y pescado entre Laguardia y Bermeo. Además, su ascensión nos sitúa a un paso de Larrasa, cota máxima de la sierra, por encima incluso de Palomares.

La ruta está llena de historia. Ya que discurre por la bella Senda de las Carboneras, camino de herraduras por el que transitamos buena parte de la ascensión y poblado de carboneras con las que se puede seguir paso a paso su construcción

 DESCRIPCIÓN DEL RECORRIDO REALIZADO:

Nuestra ruta de hoy comienza en el pueblo de Lagrán (756 m), a donde llegamos tras un largo y “entretenido” viaje desde Bilbao algunos y desde Pamplona otros. Aparcamos los coches junto al frontón de esta bella localidad alavesa y, tras los pertinentes preparativos, comenzamos nuestra caminata.

Al comienzoPor la pista

El día se presenta gris plomizo, la parte alta de la sierra está totalmente cubierta por las

Por la pista

nubes que ha arrastrado el húmedo viento del norte y no nos permite contemplar las hermosas vistas de esta fabulosa sierra. Por fortuna, estas nubes no amenazan lluvia y las previsiones meteorológicas aseguran que el tiempo mejorará a lo largo del día. Confiamos en que así sea y que podamos, por tanto, admirar el magnífico paisaje que las nubes ocultan.

Cruzamos la carretera por la que hemos llegado y dirigimos nuestros pasos hacia el cementerio. Por el camino que pasa ante el camposanto abandonamos el pueblo y nos encaminamos de frente hacia la sierra por la parcelaria. Inicialmente la pista está asfaltada, pero pronto pasa a ser de tierra. Obviando los distintos cruces, seguimos derechos hacia la sierra (S) siguiendo en todo momento las marcas rojas, amarillas y blancas que nos acompañarán hasta el puerto del Toro. Los más pequeños se van quedando atrás y tenemos que animarles a que aceleren el paso o, más bien, a que no se duerman por el camino.

Dejamos atrás los terrenos de cultivo y nos adentramos en el robledal, donde por fin el camino comienza a ganar altura de forma significativa. Los robles dejan paso a las hayas transitando ahora por un bosque de singular belleza siguiendo la senda de las Carboneras, un bello camino cargado de historia en la que, además, podremos observar, paso a paso, la construcción de una carbonera. El camino no ofrece dificultades, bien marcado, y de pendiente constante y moderada, vamos ganando altura mientras disfrutamos del paisaje y charlamos animadamente.

 

Entre el bosque

Nos encontraremos con varios cruces en su mayoría marcados con señales o con marcas de pintura en caso de duda siempre ascendiendo dirección sur. Poco a poco y sin contratiempos llegamos al puerto del Toro, el primer y único claro en el bosque casi hasta la cima, que si no fuese por la niebla, nos regalaría unas preciosas vistas de nuestro objetivo, Cruz del Castillo, de gran parte de la sierra, del parque natural de Izki, de la Rioja Alavesa etc. Allí y junto a un poste de señales decidimos descansar y hacer nuestro tradicional tentempié para reponer fuerzas. Disfrutamos de diferentes alimentos mientras va pasando de mano en mano una bota de vino que sabiamente, uno de nuestros componentes, ha traído para que podamos acompañar el hamaiketako con un buen caldo. Desde luego todos los presentes aplaudimos esta iniciativa y esperamos que cunda el ejemplo.

A partir de aquí debemos de seguir las marcas blancas y amarillas como indica el poste de señales (derecha), ya que las rojas y blancas nos llevaría hasta Laguardia, como también indica el cartel. Así que, continuamos nuestro camino ahora por un estrecho sendero que gana altura de forma acusada por un espeso bosque de hayas y encinas. Pronto y sin pérdida posible salimos a terreno despejado y entre la niebla podemos distinguir el collado final muy cercano ya a la cumbre. Desde aquí en otras circunstancias podríamos disfrutar de unas espectaculares vistas, sin embargo hoy, y pese a las predicciones, la niebla aunque no muy espesa, persiste en las cumbres. Un fuerte y frío viento del norte, el causante de esta humedad y culpable de la niebla, nos recibe en el collado, nos quedamos un poco más abajo para protegernos de este viento, mientras nos reagrupamos, antes de atacar el repecho final.

En la cima

Grandes y pequeños dejamos las mochilas en el collado y decididos, encaramos el tramo final (derecha) por un aéreo, aunque fácil, sendero hasta la cumbre a la que llegamos en unos minutos. La cumbre está presidida por una cruz erigida en 1963 por el Manuel Iradier y Lagrán. Curiosamente junto a la cruz el viento es intenso y frío pero un par de metros hacia el este el viento es mucho más suave y la temperatura más agradable, en fin misterios de la naturaleza. Nos hacemos las fotos de rigor y tras unos minutos bajamos de nuevo al collado.

Tras breve deliberación decidimos comer allí mismo con la esperanza de que se cumplan las previsiones y finalmente despeje y podamos disfrutar de las vistas. Buscamos un sitio resguardado del viento donde comer cómodamente y pronto lo encontramos. Es increíble la diferencia de temperatura cuando conseguimos protegernos del viento.

El ritual se repite y disfrutamos de abundantes y variados alimentos, buenos vinos, algunos dulces y como no, un café. Mientras nosotros charlamos distendidamente, nuestros hijos juegan dejándose caer ladera abajo, no sin algún pequeño percance, disfrutando de estos agradables momentos. Se abren pequeños claros que nos permiten ver parte de la Rioja Alavesa y de la sierra sobre la que estamos acomodados y nos hacen ilusionarnos con la posibilidad de que despeje, sin embargo, se vuelve a cerrar y nuestras ilusiones se desvanecen.

La tarde avanza y consideramos que es el momento de volver, de esta forma, recogemos nuestras cosas y continuamos siguiendo el camino de ascenso. Desandamos el estrecho sendero que recorre el tupido bosque que nos lleva de vuelta al puerto del Toro y como no podía ser de otra forma, justo según vamos descendiendo, despeja definitivamente. Es una pena porque ha sido solo un cuarto de hora lo que ha impedido que podamos admirar las vistas desde la cumbre, sin embargo, viendo el lado positivo, ahora podemos contemplar el paisaje que nos fue negado durante la ascensión. Vemos parte de la sierra y el inmenso bosque de hayas que cubre toda la cara norte hoy teñido de un vivísimo color verde primaveral. Sin duda es un regalo para nuestros ojos y confirma mi parecer de que es el mes de mayo el mejor para visitar la Sierra de Cantabria.

La cima desde abajo

Seguimos nuestro descenso por el mismo camino por el que hemos subido, charlando y haciendo juegos de palabras con los más pequeños, disfrutando ahora de la belleza del bosque y de la luz primaveral que ahora sí, se filtra a través de las verdes hayas. Cuando llegamos de nuevo a los terrenos de cultivo, giramos la vista hacia la sierra de la que acabamos de bajar y esta vez podemos contemplar la cumbre que acabamos de visitar y la cruz que la corona para darnos cuenta de la distancia y el desnivel que nos separan de ella.

Sin más contratiempos llegamos a los coches. Allí mismo y junto al frontón hay un bar en el que nos tomamos un cervecita mientras nuestros hijos aprovecha para disfrutar jugando al balón y nosotros de la charla y la cálida tarde primaveral.  

Perfil de la ruta realizada

 

 


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