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Domingo, 27 de septiembre de 2009

buzon-del-dulantzHora y lugar de encuentro: A las 11 en Lazkaun (Navarra).

DATOS DE LA RUTA:

Acceso: Ruinas de la antigua venta de Zunbeltz, situadas en el km 20´5 de la carretera NA-120 que une Lizarra con Etxarri-Aranatz por el puerto de Lizarraga, a 870 m de altitud.

Desnivel: 369 metros.

Tiempo aproximado: 1 h 20´ de ascensión.

Dificultad: Fácil.

El Dulantz es la cima de mayor altura de la Sierra de Urbasa y un mirador privilegiado desde el que contemplar el fenómeno de la depresión que marca la separación entre las sierras de Urbasa y Andia.

Descripción de la ruta realizada:

hacia-el-dulantzDejamos aparcados los coches junto a las ruinas de la venta de Zunbeltz, situadas en la NA-120 dentro del término municipal de Lazkaun. De allí, y después de atravesar una verja metálica situada en la parte posterior del edificio, arranca un camino que se va estrechando cada vez más hasta convertirse en un sendero que se adentra en un bonito bosque de hayas.

La senda alfombrada con las hojas caídas de las hayas por la que discurre nuestra marcha desemboca en el collado de Portandia, donde enlazamos con la pista empedrada que sube de Abarzuza y que nos conduce directamente a una zona despejada junto a un muro de piedra donde hay varias bordas bien conservadas.

Llegados a este punto, existen dos opciones: continuar adelante siguiendo el terreno herboso que tenemos ante nuestros ojos y que discurre casi paralelo al muro de piedra, o atravesar una verja metálica situada a nuestra derecha que nos lleva al otro lado del muro. Optamos por la segunda opción, pero escasos minutos después nos percatamos de que quizás la primera opción fuera más acertada y decidimos entonces saltar el muro. Desde allí nos encaminamos a una pequeña altura rocosa sin buzón que tenemos delante. El día está tan despejado que es posible distinguir la ermita situada en la cima del monte San Donato o Beriain.

en-la-cima1Después descendemos hasta la senda que conduce al Dulantz, bien señalizada con hitos y marcas blancas y amarillas, muy visibles y evidentes en un día radiante y soleado como el que nos acompaña. Llegamos así a los dos buzones y al vértice geodésico que corona la cima del Dulantz.

Tras una parada para comer, echar la siesta y levantar una pequeña cabaña con palos de madera a los pies del Dulantz, regresamos al punto de inicio de la excursión por el mismo camino por el que habíamos subido.