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Domingo, 11 de marzo de 2012

DATOS DE LA RUTA:

Buzón de Los Jorrios

ACCESO: Barrio de Cueto (247 m), situado a 1´7 km de la localidad vizcaína de Trucios-Turtzioz (desvío señalizado).

DESNIVEL POSITIVO: 828 m.

DISTANCIA: 12´23 km (ida y vuelta).

TIEMPO APROXIMADO: 3 h  50 min.

DIFICULTAD: Media.

El macizo de Los Jorrios, situado en el extremo occidental de Bizkaia, es un enclave de excepcional belleza e interés cultural y medioambiental en el que se mezclan amplios pastizales con un magnífico, desconocido e intrincado karst de 18 kilómetros cuadrados, el más extenso de toda la provincia. Dentro de este entorno privilegiado destacan la cumbre redonda y herbosa del Armañón y la pirámide rocosa y abrupta de Los Jorrios, las cimas más conocidas de este recóndito rincón vizcaíno que fue declarado Parque Natural en 2006.

Cima del Armañón

Para adentrarnos en este paraje esculpido por la lluvia a lo largo de siglos tomaremos como punto de partida el barrio de Cueto, en la localidad vizcaína de Turtzioz, desde donde, tras remontar el barranco de Valnero del Pando por su margen derecha, se alcanza el collado conocido como Remendón o Berezal, punto de separación entre estas dos conocidas cimas centenarias.

DESCRIPCIÓN DEL RECORRIDO REALIZADO:

Tras dejar nuestros vehículos convenientemente aparcados enfrente de la ermita de la Caridad, en el barrio trucense de Cueto, iniciamos la ruta muy contentos y animados porque, tras varios domingos de lluvia, todo parece indicar que hoy el tiempo nos dará al fin un respiro.

Preparándonos para salir

Caminamos primero por la carretera rumbo NO hasta que, unos metros más adelante, nos encontramos con un desvío. Continuamos por la ancha pista de cemento situada a la derecha, la cual va ascendiendo de manera suave y prolongada hasta desembocar en una nueva encrucijada de caminos. Tomamos la pista de cemento de la derecha, que pasa junto a una caseta de aguas, y continuamos ascendiendo hasta que llegamos a un collado desde el que se divisan el Armañón, a la izquierda, y la cumbre caliza del Los Jorrios, a la derecha.

Primer desvío

Segundo desvío

Una vez llegados a este punto, decidimos continuar por la izquierda remontando para ello el barranco de Valnero del Pando por una ancha pista.

Aquí giramos a la izquierda

Cruce de señales

La pista por la que caminamos, que atraviesa amplios pastizales donde pasta tranquilamente el ganado, describe amplias zetas antes de depositarnos en un collado en el que nos encontramos con unos carteles de madera que nos indican que Turtzios (de donde venimos) se encuentra a 1 h 20 min siguiendo la GR 123; Ranero a 2 h 40 min por la GR 12; el Armañón a 15 min remontando la ladera herbosa que tenemos enfrente del cartel y Los Jorrios a 25 min si continuamos caminando por la derecha. Y, aunque nuestra intención inicial cuando salimos de Cueto era dirigirnos al Armañón, aquí mismo, junto a estas señales medio caídas y casi ilegibles, decidimos, tras una muy breve y consensuada deliberación, que el Pico de los Jorrios, con su espectacular estampa calcárea, nos llama más la atención que el Armañón. Y dicho y hecho: hacia Los Jorrios encaminamos nuestros pasos atravesando amplias campas antes de llegar, después de perder algo de altura, a la base de esta conocida cumbre vizcaína.

Hacia Los Jorrios

Llegando a la base de Los Jorrios

Allí, prudentemente, seguimos las marcas rojas y blancas y los cairns que permiten atravesar el karst sin problemas y nos depositan en la cima de Los Jorrios, coronada por un bonito buzón montañero colocado allí por el Sestao Alpino Club el 6 de marzo de 1983.

En la cima de Los Jorrios

Tras las fotos de rigor, descendemos de nuevo al collado sorteando el laberinto calizo por la misma senda de subida y aprovechamos para tomar allí nuestro merecido almuerzo. A continuación regresamos de nuevo al collado donde se encontraba el poste de señales y, mientras que la gran mayoría decide iniciar el regreso a Cueto por la pista por la que hemos subido, unos pocos tomamos la determinación de rendirle una visita de cortesía al Armañón. Para ello ascendemos por la loma herbosa que se extiende frente a nosotros, cruzamos una alambrada que nos corta el camino por un paso habilitado para ello y continuamos caminando hacia la izquierda, dirección sureste, hasta alcanzar sin contratiempos la cumbre del Armañón, con su vértice geodésico, sus dos buzones montañeros y sus espectaculares vistas.

En la cima del Armañón

Las fotos acostumbradas en la cima y de nuevo hacia abajo. Pero, en lugar de regresar al collado desde el hemos iniciado la ascensión, descendemos por la otra vertiente del monte, cruzamos de nuevo la alambrada y, tras bajar una corta pero empinada pendiente, enlazamos con la pista que subía de Cueto y alcanzamos al resto del grupo, con los que finalizamos la bonita excursión del día de hoy.

Ruta en Wikiloc:

DOMINGO, 26 DE FEBRERO DE  2012

DATOS DE LA RUTA:

ACCESO: Legutio (Araba)

DESNIVEL: 321 m

DIFICULTAD: Fácil

El Albertia  pertenece, junto con el Isuskiza, el Moroto, el Jarrindo y otros,  a la sierra de Arlaban,  situada en la localidad de Legutio. La cima del Albertia se encuentra en el interior del hayedo, el cual fue escenario de muchos enfrentamientos durante la guerra civil. Muestra de ello son los restos de trincheras que aún se encuentran cerca de su cima.

DESCRIPCIÓN DEL RECORRIDO REALIZADO:

Este domingo 19 de febrero ha amanecido nublado y lluvioso, tal y como anunciaban las previsiones meteorológicas. Sin embargo, una vez más, nos hemos reunido un grupo relativamente numeroso y, otra vez, cargados con el optimismo que nos caracteriza, haremos frente a todas las adversidades que se pongan en nuestro camino.

Al llegar a Legutio, nos dirigimos al club de golf de Larrabea, uno de los puntos de inicio a la ascensión del Jarindo y del Albertia. La verdad es que hoy no disponemos de demasiada información y, por más que miramos cuál puede ser el inicio de la ruta, no lo tenemos nada claro; por tanto, decidimos volver al pueblo e iniciar la ruta desde allí.

Bosque de hayas

Aparcamos los coches en el pueblo y preparamos nuestros “equipos”. Una vez más, son numerosas las cosas que vamos a necesitar (paraguas, chubasqueros, polainas, guantes, gorros…) y de esta forma comenzamos nuestro camino. Atravesamos el pueblo por su calle principal, dirección N, mientras vamos preguntando a los lugareños el camino de ascensión a los montes que hoy nos ocupan. De esta forma, vamos despejando dudas y haciéndonos una idea del camino que debemos tomar. A las afueras del pueblo, en dirección a Aramaio, tomamos una desviación a la derecha que baja hacia unos caseríos y algunas granjas. Seguimos unas marcas rojas y blancas y, cuando termina el asfalto, pasamos una verja, atravesamos una campa donde pastan plácidamente vacas y caballos, cruzamos otra verja y llegamos a una pista, siempre siguiendo las marcas rojas y blancas. Continuamos por la pista a la derecha intentando “adivinar” cuál es el camino para ascender al Albertia. Seguimos las marcas hasta una valla con un paso canadiense que está cerca de unos establos. Allí mismo, junto a la verja, se adivina un sendero a nuestra izquierda que asciende en dirección NNE, claramente hacia donde intuimos que está la cima; por tanto, decidimos aventurarnos por este difuminado sendero.

Entre el bosque

Llueve intermitentemente pero, afortunadamente, el viento no es intenso y con nuestros paraguas podemos protegernos de la lluvia cómodamente. Ahora vamos remontando la ladera del monte y ganamos altura con rapidez. El sendero, que no es tal, se difumina por momentos, pero la dirección que debemos seguir es evidente. Pronto y en un hermoso bosque de hayas, aparece la nieve que hace que el paisaje tome un aire bucólico. Los más pequeños y algún que otro grandullón se enzarzan en una “encarnizada” batalla de bolas de nieve. Tras esta lucha, continuamos nuestro camino, unas veces con los paraguas desplegados, otras con ellos cerrados en función de los caprichos del dios de la lluvia en esta mañana invernal. Remontamos la pendiente hasta su cordal y allí nos encontramos con un sendero bien marcado con hitos y marcas rojas y blancas. Los seguimos a la derecha (dirección E) confiando en que nos lleve hasta la cumbre. Así es: en pocos minutos alcanzamos la cumbre del Albertia (868 m). En la misma hay un gran vértice geodésico, un monumento de ANV, un buzón y un nacimiento.

Nos hacemos las fotos de rigor, aprovechamos para hacer un pequeño almuerzo, y decidimos, dadas las condiciones climatológicas, regresar al pueblo y dejar la cumbre del Jarindo para mejor ocasión.

Comiendo

De esta forma volvemos sobre nuestros pasos pero, en vez de desandar el camino de ascenso, preferimos seguir el sendero que en los últimos metros nos ha llevado a la cumbre, confiando en que nos lleve directamente al pueblo, como finalmente sucede.

Al llegar al pueblo nos dirigimos al pórtico de la iglesia, que consideramos que será un lugar apropiado para comer. Y así es ya que, además del pórtico propiamente dicho, hay unos bancos que nos permiten comer con mayor comodidad. Una vez más comienza el ritual y de nuestras mochilas comienzan a salir una gran variedad de alimentos, incluidas dos tartas, dulces variados y, por supuesto, vino. Comemos plácidamente sin prisas y después nos dirigimos a un cercano bar a tomar un café aprovechando que hoy hemos comido en el pueblo.

A pesar del frío y, sobre todo, de la lluvia, hemos podido disfrutar de otra jornada montañera y  de un agradable paseo invernal.

En la cima

Domingo, 12 de febrero de 2012

DATOS DE LA RUTA

Buzón nevado del Gorgomendi

ACCESO: Km 3 de la carretera GI-3591 que asciende al santuario de Arantzazu, en el barrio de Urteagain, en el parking situado junto al restaurante del mismo nombre.

DESNIVEL: 709 m
DISTANCIA: 8 km ida y vuelta (aprox)
DIFICULTAD: Fácil

La sierra de Aloña es la prolongación de la conocida sierra de Aizkorri hacia el NW. Decir donde acaba Aloña y empieza Aizkorri parece que no está claro. Parece que la separación se ubica entre Arriurdin y Artzanburu, en el collado de Biozkorne, pero alguna otra fuente marca la frontera en el collado de Andreaitz o Igoate, que separa el Andreaitz del Arbelaitz, siendo este el primer pico que supera los 1500 mts.

DESCRIPCIÓN DEL RECORRIDO REALIZADO

Inicio del camino

Tras reunirnos en la gasolinera de Amorebieta y organizar los coches para dejar alguno allí, nos dirigimos al punto de inicio de la ruta. El día se presenta con nubes y claros y con un gélido viento del Nordeste que empezamos a “padecer” nada más salir de nuestros coches. Confiamos en que el viento no arrecie y que el sol se haga un hueco para poder “caldear” un poco este gélido día de febrero.

Una vez que hemos preparado todos nuestro equipo, hoy no son pocas las cosas que necesitamos, y armados con nuestros trineos y palas y bien abrigaditos con toda suerte de prendas de abrigo (gorros, guantes, buffs, chamarras etc), nos ponemos en marcha.

Nuestra ruta comienza en el aparcamiento que está junto al citado restaurante, al otro lado de la carretera. Cogemos un sendero que queda a nuestra derecha SE, desechando la pista cementada que queda de frente. Por fuerte pendiente y prestando mucha atención ya que los regueros de agua están completamente helados, vamos ganando altura con rapidez y pronto comienza a aparecer la nieve que hará nuestra marcha mucho más cómoda y, sobre todo, menos “peligrosa”. Un tímido sol asoma por momentos mientras avanzamos por un bosque mixto de pinos y hayas, para pasar poco tiempo después junto a unas bordas y atravesar un par de vayas, y llegar así a una pista que cogeremos (izquierda) en sentido ascendente.

Una pequeña subida. Una gran vista

Llegamos a una explanada junto a un pequeño bosque de hayas donde unos caballos pastan plácidamente, ajenos al frío siberiano que estamos padeciendo. Dejamos la pista y continuamos de frente, SE, por terreno despejado siguiendo la cresta de la sierra en fuerte pendiente. Poco a poco vamos avanzando mientras sufrimos los rigores de esta fría mañana de febrero, sobre todo cuando el viento nos azota con cierta intensidad. La verdad es que el día se está poniendo duro para los más pequeños pero confiamos en que el viento no sea tan fuerte cuando nos encaramemos al cordal de la sierra. Quizás sea pecar de optimismo, pero una vez aquí no nos vamos a amedrentar. Algunos de los más pequeños sufren los rigores de la ola de frío siberiana y tenemos algunas crisis. Los mayores, sin embargo, vamos disfrutando de un increíble paisaje invernal, contemplando las preciosas pirámides nevadas que forman hoy y desde esta perspectiva, el Anboto y el Udalatz, que quedan a nuestra espalda.

No sin esfuerzo, llegamos a la cima del Belauko o Belar (922 m). Los que han llegado primero se protegen del viento detrás de la caseta con antena que hay en esta cima. El paisaje desde aquí es magnífico: a nuestros pies el valle de Oñati; de frente todo el cordal de la sierra de Aloña, que nevado presenta una estampa espectacular; el valle de Araotz, la sierra Zaraia, Anboto y su cresta, Udalatz…

Aunque algunos ya han echado mano de sus ricas viandas, decidimos continuar hasta unas cercanas bordas, bueno más bien “chaletes”, donde pensamos estaremos más resguardados y podremos hacer el hamaiketako con mayor comodidad. Recorremos, ahora por terreno casi llano y rodeados de este magnifico paisaje, la distancia que nos separa de dichas bordas hundiendo nuestras botas en la nieve. El sol asoma por momentos y, como la propia sierra nos protege del viento, la sensación térmica mejora notablemente. Nos paramos en uno de estos refugios, el cual tiene un pequeño porche que nos sirve para dejar los trastos y resguardarnos del viento. Ahora sí hacemos nuestro consabido tentempié, aunque rapidito que las manos se nos congelan, saboreamos algunos de nuestros variados alimentos.

El Gorgomendi, se presenta altivo y desafiante con su preciosa estampa invernal. Evidentemente, nuestro hijos no quieren saber nada de seguir caminando y prefieren jugar con los trineos, pero la mayoría de los adultos no podemos sustraernos a la poderosa atracción que esta cumbre ejerce sobre nosotros, por tanto, decidimos que la mayor parte de los adultos suban lo más rápido posible y dos de los padres se queden con los peques mientras estos disfrutan de la nieve con sus trineos y palas.

Gorgomendi desde Belauko

Encaminamos, por tanto, nuestros pasos hacia la cima. Protegiéndonos del frío viento que nos azota por momentos, vamos avanzando y ganando altura. De repente vemos en la lejanía una persona que baja de la cumbre, y que parece vestir un abrigo de “domingo” de tonos verdes con sus botones dorados y todo, gorro de lana y pantalones vaqueros, en fin, una indumentaria cuando menos sorprendente un día como hoy. Delante de ella, a unos 20 metros, avanza una chica con indumentaria montañera. Según se van acercando vamos comprobando que sí, que lo que lleva es un abrigo de domingo y, además, calza playeras y no botas. Baja muy despacio por miedo a resbalarse y es evidente que está pasando mucho frío, la verdad es que da bastante lástima. Cuando nos cruzamos con ellas, nos da la impresión de que es extranjera y suponemos que van juntas, lo que no alcanzamos a comprender es cómo la “amiga” lugareña que la acompaña se le ha ocurrido meter a esa pobre chica en semejante berenjenal con el día que hace. En fin, espero sinceramente que llegase pronto al coche y no sufriese demasiado.

Gran cruz del Gorgomendi

Nosotros continuamos con nuestra ascensión que se va haciendo dura por momentos, contemplando al frente la cruz que corona este monte completamente cubierta por la nieve y observando la curiosa forma que la nieve ha esculpido en la valla que está a nuestra izquierda. Por fin hollamos la ansiada cumbre del Gorgomendi o Aloña 1.248 m. Nos hacemos unas fotos, disfrutamos de las hermosas vistas y enfilamos el camino de vuelta aceleradamente. Algunos usamos las palas que hemos llevado a la cumbre, otros bajan patinando y otros caminando tranquilamente. De esta forma llegamos a la borda donde se ha quedado el resto de la “expedición”.  Algunos niños ya han comido, otros siguen disfrutando de los trineos, nosotros decidimos comer algo rápidamente e iniciar el regreso cuanto antes, que el tiempo no está para tumbarse al sol.

Tras nuestra apresurada comida recogemos e iniciamos el camino de regreso, un poco desperdigados, siguiendo el mismo itinerario de esta mañana. La temperatura va templando, bueno esto es una manera de hablar, a medida que perdemos altura. Sin ningún contratiempo llegamos a los coches y, tras quitarnos nuestras pesadas botas, nos acercamos a un bar sito junto al aparcamiento para disfrutar de su calor y de unas merecidas bebidas calientes.

En la cima

En fin, un domingo bien aprovechado a pesar del frío glacial.