Entradas con la etiqueta ‘Montes en Araba / Álava’
Domingo, 30 de mayo de 2010

Cumbre del Albeiz
Hora y lugar de encuentro: A las 9:45 la gasolinera que está a la altura de Arrigorriaga, en la AP-68. Y a las 10:55 en Ilarduia (Araba).
DATOS DE LA RUTA:
Acceso: Ilarduia (Asparrena), localidad alavesa situada a unos 577 m. de altitud. Para llegar a Ilarduia en coche desde Bilbao tenemos que coger la AP-68 y tomar posteriormente la salida 5 para incorporarnos a la N-622 (autovía de Altube). Después tomamos la N-1 (dirección Pamplona/Iruña) y, una vez en la N-1, cogemos la salida 385 (Araia – San Román), incorporándonos así a la A-3020. Continuamos por la A-3020 hasta que unos kilómetros después nos vemos obligados a tomar una desviación a la derecha que nos sitúa en la A-3012. Nada más tomar la citada desviación un cartel nos anuncia que estamos a 2 km de Ilarduia, a donde llegamos después de atravesar el pequeño pueblo de Albeniz.
Desnivel: 438 m.
Tiempo aproximado: 1h 10´ de ascensión.
Dificultad: Media.
El Albeiz o Albéniz (1.015 m) es una modesta y rocosa cumbre que forma parte de la impresionante cadena caliza de los montes de Altzania, situados en el extremo nordeste de la Llanada Alavesa. Aunque la cumbre más conocida y elevada de los montes de Altzania la constituye el magnífico e imponente Aratz (1.443 m), toda la sierra esconde idílicos parajes, rincones y montes de singular belleza en los que la roca caliza se mezcla con el bosque formando espectaculares y llamativos contrastes.
DESCRIPCIÓN DEL RECORRIDO REALIZADO:
Dejamos aparcados los coches a la entrada de Ilarduia, junto a una fuente. Allí tomamos una calle asfaltada situada a la izquierda de la citada fuente que nos conduce a la parte alta del pueblo, donde el asfalto desaparece para dejar paso a una pista de gravilla rodeada de hermosos trigales que nos regala unas impresionantes y espectaculares vistas a las moles rocosas del Umandia y el Albeiz.

Iniciando la marcha

Fin del asfalto
Seguimos caminando, atravesamos un pequeño puente de cemento y llegamos a una desviación. Allí cogemos el vial de la derecha y continuamos por la pista, la cual abandonamos justo en el preciso momento en que ésta describe un fuerte giro hacia la derecha para continuar de frente por un camino en cuyo inicio encontramos un cartel que prohíbe el acceso a coches y motos y que nos anuncia asimismo que estamos entrando en el parque natural del Aizkorri – Aratz. El camino, que discurre en medio de un bonito y sombrío bosque de robles, nos conduce escasos minutos después a una barrera metálica que atravesamos para seguir de frente por un sendero de hierba sembrado de flores. Poco después giramos a la izquierda, siguiendo las indicaciones de un hito allí situado.

Giro a la derecha

Barrera metálica

Señal
El sendero de hierba se transforma progresivamente en un sendero de piedras que asciende de forma suave pero prolongada y que acaba situándonos frente a una muralla de roca caliza. Una vez allí y tras algún que otro titubeo, tomamos la senda de la derecha, marcada con hitos, y continuamos ascendiendo dejando el Umandia a nuestra espalda. No obstante, poco después la senda describe un fuerte giro hacia la izquierda y nos coloca de nuevo frente a este gigante calizo conduciéndonos directamente hacia su base rocosa.
Sin embargo, la senda por la que caminamos se va estrechando cada vez más y la espesa maleza nos impide el paso hasta tal punto que decidimos escalar un pequeño muro de piedra situado a nuestra derecha para posicionarnos en una senda más cómoda que discurre de forma paralela al sendero por el cual caminábamos y que se acaba uniendo poco después a él después de salvar el estrechamiento anterior.

Escalando

Finalizando la escalada
Cruzamos a continuación una alambrada por un paso habilitado para ello y unos metros después giramos a la izquierda para caminar por un sendero que discurre paralelo a un arroyo. Los hitos nos conducen a un alto herboso y, una vez allí, todos menos uno giramos hacia la izquierda siguiendo una ancha pista en la que se pueden ver varios puestos de caza. (Hago aquí un inciso para decir que el que no ha girado hacia la izquierda sino a la derecha no lo ha hecho porque estuviera enfadado o disconforme con los demás, sino porque quería subir al Artzanegi. Pero poco después se uniría de nuevo al resto del grupo).
Continuamos por la pista, dirección noreste, rodeados de pinos hasta que llegamos a una zona con un cercado para animales, giramos a la derecha y llegamos a un cruce de caminos: la pista del medio baja hacia Araia, el camino de la derecha conduce al Umandia y el de la izquierda al Albeiz. Y aunque nuestra intención inicial era ascender al Umandia, cuando nos acercamos a la base de este imponente monte de piedras decidimos por unanimidad dejarlo para mejor ocasión porque lo vemos un tanto peligroso para ir con niños. Y, una vez desechado el Umandia, tomamos la determinación de dirigirnos hacia la cima del Albeiz, que coronamos sin dificultad pocos minutos después.

En la cima del Albeiz
Después de las fotos de rigor, descendemos del Albeiz y nos detenemos a comer en una bonita campa de hierba al lado de una especie de monolitos situados a los pies del Albeiz. Y tras la comida algunos queman las energías sobrantes escalando unas piedras allí situadas. Y como resultado de ello uno de los intrépidos escaladores, concretamente una niña, sufre una torcedura de tobillo. Después da comienzo un partido de fútbol que finaliza con otro de los asistentes, concretamente un adulto, con un esguince en el pie. Y a continuación comienza un poco ortodoxo partido de béisbol con palos y piñas que milagrosamente concluye sin ningún herido. Menos mal.
Hora de regresar. Decidimos descender por la pista que conduce a Araia, mucho más cómoda para los accidentados. Pero después de caminar unos metros con uno de ellos cojeando y el otro a la pata coja, nos percatamos de que así no llegaremos muy lejos. Así que convocamos un consejo de guerra tras el cual quedan establecidas tres decisiones: uno de los participantes se adelantará al resto y bajará a Araia y de allí a Ilarduia para coger su coche y regresar después en busca de los demás; el adulto herido – que dice que puede seguir caminando poco a poco y a su ritmo – es abandonado a su suerte (qué mal suena lo de “abandonado a su suerte”); y para la niña lesionada, que jura y perjura que no puede posar el pie en el suelo, decidimos improvisar una camilla para transportarla. Ya ves: todos los años pagando religiosamente nuestra cuota a la federación de montaña y, para una vez que los necesitamos, en lugar de llamarlos decidimos arreglarnos con nuestros propios y precarios medios. Y sólo por no ocasionar molestias. Es que somos así.
Así que en este preciso momento da comienzo el arduo proceso de construcción de nuestra primera camilla. Para ello unimos dos cuerdas utilizando un nudo de pescador que uno de los asistentes aprendió a hacer el pasado fin de semana en un curso de escalada, lo cual demuestra fehacientemente que siempre es posible sacar alguna utilidad a todo lo que uno aprende en la vida. A continuación plegamos la cuerda en zigzags a un lado y a otro, pero el resultado no es lo suficientemente consistente, así que decidimos cortar un par de ramas de árbol con una sierra de alambre que llevaba oportunamente otro de los asistentes y que demostró ser un objeto de gran utilidad… a pesar de que pasó a mejor vida después de cumplir su cometido. Después pasamos las ramas por los laterales de la camilla de cuerdas y colocamos una manta encima (es que llevamos de todo). Y en esta camilla, que resultó ser resistente, cómoda e incluso coqueta, trasladamos al herido hasta Araia sin ningún contratiempo.

Construyendo la camilla

Transportando a la herida
Para ello descendimos por la pista bordeando el Umandia por su cara sur y continuamos adelante hasta que unos 3 kilómetros después llegamos a un cruce que ya conocíamos porque a escasos metros de él se encuentra el bonito nacimiento del Zirauntza, ya visitado por algunos de los nuestros en otra ocasión. Antes de llegar allí nos cruzamos por el camino con un todoterreno conducido por dos individuos que no se dignaron siquiera a parar para preguntar qué nos pasaba. Pero corramos un tupido velo sobre ese asunto y sigamos con el relato de lo hoy acontecido.
En el citado cruce esperamos al otro herido, que bajaba como un campeón, con el tobillo hinchado y cojeando pero sin perder un ápice de su buen humor, y cogemos el camino del nacedero en dirección a Araia, siguiendo para ello un sendero perfectamente delimitado con postes marcados con pintura verde y blanca.

Al nacedero del Zirauntza

Hacia Araia
Nada más llegar a Araia nos encontramos con el compañero que había bajado a Ilarduia a por su coche, el cual sirve para transportar al resto de los conductores hacia sus propios vehículos. Una vez reunidos de nuevo, nos vamos al batzoki (cerrado), después al bar que está enfrente del batzoki (también cerrado) y, por último al casino-bar de Araia (abierto), donde nos proveen muy amablemente de una bolsa llena de hielos para aliviar el dolor de los accidentados. Y estando allí plácida e inocentemente sentados en la terraza del bar, de repente se levanta una pequeña racha de viento que provoca que una de las sombrillas salga volando desde un extremo de la terraza al otro extremo pasando a escasos centímetros de nuestras cabezas pero sin ocasionar, milagrosamente, ningún percance más. Conclusión: hoy alguien nos ha echado el mal de ojo, pero no ha podido con nosotros. Ciertamente, no.

Ruta realizada
Domingo, 25 de abril de 2010

Buzón del Indiagana
Hora y lugar de encuentro: A las 9:45 en la gasolinera que está a la altura de Arrigorriaga, en la AP-68. Y a las 10:45 en Azáceta-Azazeta (Araba).
DATOS DE LA RUTA:
Acceso: Azáceta-Azazeta, un pequeño pueblo situado a 815 m. de altitud perteneciente al ayuntamiento de Arraia-Maeztu (Araba). Para llegar allí en coche desde Bilbao hay que coger la AP-68 (dirección Vitoria-Gasteiz), tomar después la salida 5 para incorporarse a la N-622 y a continuación coger la N-1 dirección Pamplona/Iruña. Un vez en la N-1 nos desviaremos para tomar la salida 357 (Arkaute, Lizarra/Estella) e incorporarnos a la A-2134. Posteriormente tomaremos la N-104 y después continuaremos por la A-132 hacia Estella. Esta carretera nos conducirá al alto del puerto de Azazeta y, pocos kilómetros después, nos depositará en el pueblo de Azazeta.
Desnivel: Unos 400 m.
Tiempo aproximado: 1 h. 30´ de ascensión a las dos cumbres.
Dificultad: Fácil.

Cumbre del Itxogana
El Itxogana y el Indiagana se elevan en los Montes de Vitoria, a escasos kilómetros de la capital alavesa. El ascenso a estos dos singulares montes puede llevarse a cabo desde los pueblos de Jaúregui y Gauna, situados en plena Llanada Alavesa, si bien es también bastante habitual emprender la marcha a pie partiendo del alto del puerto de Ozazeta o del pueblo del mismo nombre, situado a pocos kilómetros del puerto. Para esta ocasión, nosotros, de entre todas las posibilidades, hemos optado por iniciar nuestra marcha montañera tomando como punto de partida el bonito y cuidado pueblo de Ozáceta-Ozazeta.
DESCRIPCIÓN DEL RECORRIDO REALIZADO:

Subiendo por la calle Mediodía
Dejamos los coches aparcados donde podemos, porque el pueblo es pequeño y mucho sitio no hay. No obstante, la mayoría de los asistentes consigue aparcar justo a la entrada de Azáceta, junto a una fuente que –al parecer– lleva por nombre El Lavadero de Azazeta. Así que los demás, tras calzarnos las botas y colocarnos las mochilas a la espalda, nos reunimos en este punto y, una vez allí, cruzamos la carretera general (después de mirar a ambos lados, que somos muy cautos y precavidos) y giramos a la izquierda por una calle cementada. Un cartel nos indica que nos encontramos en la calle Mediodía (Eguzki kalea) y un libro que llevamos nos informa que por allí vamos bien. Así que adelante.
La calle finaliza en una ancha pista de tierra y piedras que asciende muy suavemente por terreno despejado y nos conduce directamente a una bifurcación. Allí cogemos la pista de la derecha, porque así nos lo indica el citado libro, cruzamos una portada metálica de color verde allí situada y, nada más hacerlo, nos encontramos de nuevo con dos posibles caminos: el libro nos dice que tomemos el de la izquierda y un mapa que también llevamos encima nos aconseja que cojamos la pista de la derecha. Y como alguna decisión hay que tomar, lo que hacemos es guardar el libro en la mochila y continuar por la pista de la derecha. Pero que nadie interprete estas líneas como una incitación subversiva a desconfiar de los libros: la pista de la izquierda también conduce al Indiagana y al Itxogana, pero conduce tan rápidamente a estos dos montes que mejor dejaremos esta segunda alternativa para otra ocasión en la que estemos más cansados y con menos ganas de andar.

Junto a la primera puerta verde

Después de cruzar la puerta verde
Cogemos, por tanto, la pista de la derecha y nos adentramos a partir de este momento en una zona arbolada y sombría, cosa que se agradece teniendo en cuenta el día caluroso con el que hemos amanecido hoy. Seguimos de frente por la pista sin desviarnos en ningún momento, a pesar de los caminos a derecha e izquierda que nos encontramos a nuestro paso y que algún que otro de nosotros sugiere seguir. Y es que es normal tener dudas porque por aquí ni hitos ni señales ni nada de nada. Es decir, marcas = 0. Y las bonitas hayas que nos rodean mucha sombra dan, es cierto, pero escasa visibilidad. No obstante, el aguerrido montañero que, mapa en mano, nos va guiando en el día de hoy con su llamativo sombrero de colorines nos dice que mejor seguir de frente sin tomar ningún desvío y que así llegaremos enseguida a otra portada metálica…
… Y llegamos. Es curioso. Siempre me ha asombrado la capacidad que tienen algunos para interpretar mapas. De mayor quiero ser como ellos.
Bueno, pues sigo contando.

Junto a la segunda puerta verde
Estábamos en que habíamos llegado a otra puerta metálica. También de color verde, como la primera. Así se consigue que se mimetice con el paisaje. ¿Y hay que cruzarla? Pues no. Justo al llegar a su altura hay que coger un sendero a la izquierda (aquí sí que hay un hito) y continuar por él paralelos a una alambrada. Un poco más adelante, cuando la alambrada nos corta el paso, la cruzamos y ya estamos en el Indiagana, a 1.099 m. de altitud. “¿Por qué os paráis?” – pregunta algún despistado (concretamente, yo) que no se ha percatado todavía del curioso buzón verde que se encuentra en el suelo–. Un buzón, por cierto, con la forma del Atomium de Bruselas que despierta un gran interés entre los niños, interés que desaparece repentina y drásticamente cuando se dan cuenta de que es mucho más interesante la gigantesca haya que se alza al lado del buzón y por la cual se puede trepar. Así que con algunos en el suelo y otros encaramados en el árbol, nos sacamos unas fotos.

En el Indiagana
Y ahora camino del Itxogana.

Desviación a la derecha
Para ello saltamos la alambrada por otro paso situado a la izquierda del buzón del Indiagana y seguimos dirección NO. El sendero, que desciende entre hayas y después llanea, está plagado de hitos, así que no tiene pérdida (salvo en caso de niebla, que no es el caso que nos ocupa). Y así, caminando poco a poco, llegamos a un claro en el bosque, donde tomamos un tentempié para después continuar caminando por el mismo sendero hasta que tomamos una desviación a la derecha, marcada con un hito bien grande y un palo, para que nadie se despiste.
Este sendero desciende de forma bastante acusada durante unos metros para posteriormente ascender muy suavemente. Desembocamos poco después en una pista y continuamos de frente, siguiendo las indicaciones de un hito que alguien puso allí muy amablemente. Caminamos ahora por una pista más ancha que poco después tenemos que abandonar para tomar otra desviación a la derecha, también marcada con un hito. Pasamos junto a un pequeño cartel de madera pegado al suelo en el que se puede leer “ermita” y muy poco después ya podemos divisar a escasos metros de nosotros la cumbre del Itxogana (1.062 m), con su cruz de hierro y su vértice geodésico.
Bajo la cruz que corona la cumbre del Itxogana descubrimos una placa colocada allí en marzo de 1995 en memoria de un montañero, además de un buzón que, adosado a la mole de hormigón que sostiene la cruz, fue allí incrustado por el club de montaña Manuel Iradier en mayo de 1951. Mucho ha llovido desde entonces y el óxido no perdona, ciertamente.

Buzón del Itxogana

Nosotros en el Itxogana
Después de disfrutar de las bonitas vistas de la Llanada Alavesa que nos regala la cima del Itxogana, decidimos acercarnos a la ermita a comer. Para ello nos aproximamos hasta el cartel de madera por el que antes habíamos pasado y descendemos por el sendero allí marcado. En muy poco tiempo estamos ante la bonita y majestuosa ermita de San Bitor o San Vitor (945 m), rodeada de unas amplias campas provistas de mesas, sillas y asadores, además de una seta y dos caracoles de madera. Un entorno precioso y acogedor donde todos damos rienda suelta a nuestras ganas de comer y los niños a sus ganas de jugar.

Ermita de San Bitor

Comiendo
Después, con el estómago bien lleno, retomamos la senda por la que habíamos bajado hasta llegar de nuevo al letrero de “ermita”. Algo más adelante tomamos una pista que describe un giro de 180º hacia la izquierda y continuamos por ella hasta que desembocamos en otra pista. Allí giramos a la derecha y, al llegar a otro cruce un poco más adelante, volvemos a tomar el vial de la derecha (hito), el cual, tras un suave pero prolongado descenso, nos deposita junto a la primera portada verde que habíamos cruzado al inicio de la marcha. Es decir, hemos bajado por la pista que habíamos desechado al subir, completando así un bonito, entretenido y arbolado recorrido circular. Felicidades para el guía de hoy.
Domingo, 18 de abril de 2010
Hora y lugar de encuentro: A las 9:45 en la gasolinera que está a la altura de Arrigorriaga, en la AP-68. Y a las 10:20 en el parking que hay junto al área recreativa de Garrastatxu, a unos 3 kilómetros de Baranbio (Araba).
DATOS DE LA RUTA:
Acceso: Barrio de Garrastatxu (582 m), perteneciente a la localidad alavesa de Baranbio (Araba). Para llegar a Garrastatxu desde Bilbao hay que coger la AP-68 y tomar la salida 3 (Llodio – Orozko). Inmediatamente después del peaje se gira a la izquierda dirección Orozko y se continúa por la BI-2522 hasta llegar a Baranbio. Una vez allí hay que atravesar el pueblo y escasos metros después del restaurante Hordago hay que coger a la izquierda una pista asfaltada en cuyo inicio un poste de madera nos indica que por allí se llega a Garrastatxu. Un kilómetro aproximadamente después se llega a un cruce y se toma la desviación de la derecha, también indicada con un cartel, y tras recorrer unos dos kilómetros más se llega a un amplio aparcamiento cercano a la ermita de Garrastatxu y al área recreativa allí situada.

Cima del Nafakorta

Buzón del Oderiaga
Desnivel: 580 m. de desnivel positivo al Nafakorta y unos 300 m. más al Oderiaga.
Tiempo aproximado: 1 h 20´de ascensión al Nafakorta y unos 45´ más al Oderiaga.
Dificultad: Media.
Situado en los límites occidentales del Parque Natural del Gorbeia, en la muga entre Bizkaia y Araba, el Nafakorta es una modesta y poco conocida cumbre que se alza a la sombra del Oderiaga, la cima más elevada y popular de los Montes de Arno.
Muchos son los caminos que conducen al Nafakorta y al Oderiaga, pero nosotros hemos optado por iniciar nuestro recorrido en el barrio de Garrastatxu. De hecho, este bello lugar, situado en la vertiente sur del macizo del Gorbeia, constituye un punto de partida muy habitual para acceder a muchos de los montes que se elevan en la vertiente occidental del Parque Natural.

Nafakorta volviendo del Oderiaga
DESCRIPCIÓN DEL RECORRIDO REALIZADO:
El camino que conduce al Nafakorta y al Oderiaga desde Garrastatxu se inicia en una pista asfaltada que comienza en el mismo aparcamiento donde se dejan los coches. No obstante, nosotros, desconocedores por completo de este importante y crucial detalle, tomamos el camino erróneo y, después abandonar nuestros coches debidamente aparcados en el lugar habilitado para tal efecto, cogemos el otro camino (porque sólo había dos: el correcto y el incorrecto). Es decir, tomamos equivocadamente el camino que lleva a la preciosa ermita de Nuestra Señora de la Piedad de Garrastatxu. Así que, tras pasar junto a un cartel que prohíbe el paso de vehículos, entramos en el área recreativa, provista de mesas, fuente y columpios, y continuamos por una pista descendente situada entre la ermita y un bar. Allí nos encontramos con una bifurcación y, aunque la opción más adecuada en este caso es coger la desviación de la izquierda, nosotros tomamos la de la derecha. Por desconocimiento, claro. Que nadie vaya a pensar que somos masoquistas o algo así.

Camino que no hay que coger

Pista que sí hay que coger
Tras esta sucesión de errores encadenados llegamos al cabo de unos minutos a un caserío, después de cruzar una portada metálica gris que seguramente alguien puso ahí para que nadie la cruzara. No obstante, al llegar al citado caserío un amable hombre que allí habitaba nos informó con total cordialidad que nos habíamos equivocado y, para evitar que diéramos la vuelta, nos invitó a cruzar otra portada metálica gris situada justo al lado de su vivienda, no sin antes explicarnos con todo lujo de detalles (nos debió de ver cara de despistados) que siguiendo el sendero que allí comenzaba alcanzaríamos en aproximadamente 500 metros la pista que no habíamos cogido en el aparcamiento. Después, eso sí, de sortear tres pinos caídos. Eso creo que dijo: tres pinos. Y visto lo visto, yo creo que eran más de tres los pinos que estaban por tierra, pero no vamos a discutir acerca de números ni cantidades porque, a fin de cuentas, lo importante es que fuimos reconducidos al camino correcto.
Desembocamos así –tal y como nuestro amable benefactor predijo– a la pista principal. Concretamente a un lugar que –según unos viandantes que por allí pasaban en ese preciso instante– es conocido como crucero Gárate. Siguiendo esta pista asfaltada llegamos al amplio collado de Katabaso (595 m), donde se encuentran varios corrales, un cartel que indica la entrada al Parque Natural y un crucero de señales que nos informa que el Nafakorta se encuentra 1h 5´ y 3´1 km de distancia. Lo cual, sumado a los 15´ y 1´2 km que marca hasta Garrastatxu, hace un total de 1h. 20´ y 4´3 km. en total. Que todavía no se nos ha olvidado sumar.
En este punto abandonamos el asfalto y comenzamos a ascender por una pista de gravilla de color blanquecino que algunos abandonamos más adelante para atajar por una especie de cortafuegos. Otros, que tienen menos ganas de atajar que nosotros, continúan por la pista.

Collado de Katabaso con atajo al fondo

Desviación a la izquierda
No obstante y como era de esperar, nos juntamos poco después en la pista principal y seguimos ascendiendo hasta que llegamos a las faldas del Nafakorta. Un hito colocado allí de forma estratégica –como pasa con todos los hitos– nos indica que tenemos que dejar la pista y girar a la izquierda.
Subimos por una ladera de hierba, alcanzamos un camino de piedras y bordeamos el Nafakorta por su cara oeste hasta llegar a la altura de unos mugarris que sirven –al parecer– para marcar los límites municipales entre Orozko y Zuia. A nuestra izquierda se alza el Anekoarri. Y a la derecha nace una estrecha senda que nos conduce entre brezos a una pequeña zona despejada en la que se halla ubicado el vértice geodésico y el pequeño buzón que corona la cima del Nafakorta (1.019 m). Unas fotos que den fe del evento y abajo otra vez.

Algunos en la cima del Nafakorta

Junto a los mugarris
(Y mejor no hablamos –porque restaría encanto al momento– del todoterreno que en ese preciso instante desciende la loma herbosa del Anekoarri ante nuestros ojos atónitos. Así que pasemos a otro tema)
Muy cerca de los mugarris hay un poste de madera con indicaciones para montañeros despistados que nos informa –entre otras cosas– que el Oderiaga se encuentra a 40 minutos de allí. Seguimos en la dirección allí indicada y llegamos en menos de cinco minutos al collado de Aranekoarri (997 m), fácilmente identificable por los corrales allí situados y, sobre todo, por la presencia de un curioso monolito de piedra que fue levantado –según la inscripción allí presente– en honor a una chica que fue devorada por un lobo el 24 de diciembre de 1308.

Cruce de señales con el Oderiaga al fondo

En recuerdo de la chica devorada por un lobo

En el vértice geodésico del Oderiaga
Y en ese mismo collado se queda a reposar un numeroso grupo de Menditxiki que no teme a los lobos mientras que otros nos aventuramos hacia el Oderiaga, que se alza frente a nosotros invitándonos a subirlo. Así que dejamos todos los bártulos con el resto del grupo y nos acercamos hasta un cruce de señales que indica que el Oderiaga está a 2´1 km y 35´ en la GR 12-123. Y unos suben y bajan corriendo y llegan los primeros; otros suben andando a paso de marcha y llegan los segundos; y otros ascendemos más tranquilitos y relajados amenizando nuestra subida con una entretenida charla y llegamos los últimos, cuando los demás ya han emprendido la bajada. Pero llegamos, que es lo importante. Y dejamos de hablar por un momento para contemplar la preciosidad de paisaje que nos rodea por los cuatro costados. Nos sorprenden especialmente las impresionantes y espectaculares vistas que desde el Oderiaga (1.245 m) se pueden disfrutar del complejo laberinto kárstico de Itxina. Bonito también –aunque no espectacular– es el buzón plateado del Oderiaga, que reproduce el mapa de Euskal Herria. Allí unos simpáticos montañeros que llegan poco después que nosotros nos sacan una foto junto al vértice geodésico del Oderiaga. Algunos salen en la foto con las piernas cortadas, pero se les ve la cara, que es lo que cuenta.
De allí bajamos al collado de Aranekoarri y después de comer y de juegos varios iniciamos el descenso hacia Garrastatxu.

En el collado de Aranekoarri
El camino de vuelta nos permite disfrutar de nuevo de unas inmejorables vistas de la Sierra Salvada. El cielo está tan despejado en ese momento que se puede distinguir con total claridad la imagen de la Virgen de Orduña erigida en la cima del monte Txarlazo. Aunque también hay nubes amenazadoras a lo lejos. Nubes que comienzan a descargar lluvia cuando estamos ya muy próximos a la ermita de Garrastatxu. Tan próximos que casi no nos da ni tiempo a mojarnos.
Llegamos así al parking donde tenemos los coches, tomamos un café o un refresco o un helado –que para todos los gustos hay– en el bar situado al lado de la ermita y, justo cuando montamos en nuestros vehículos para dirigirnos a casa, el sol reaparece de nuevo y Garrastatxu se despide de nosotros con un inmenso arco iris colgado del cielo y otro más inmenso todavía justo encima de él.
RUTA Y PERFIL DEL RECORRIDO GARRASTATXU-NAFAKORTA:

Ruta Garrastatxu-Nafakorta

Perfil Garrastatxu-Nafakorta
