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Domingo, 6 de mayo de 2012

DATOS DE LA RUTA:

Buzón del Tellamendi

ACCESO: Santuario de los Santos Antonios de Urkiola (713 m), al que se accede desde Bilbao tomando la AP-68 que conduce a Durango y, a continuación, la BI-623, que lleva por Mañaria al puerto de Urkiola.

DESNIVEL POSITIVO: 785 m.

TIEMPO APROXIMADO: 5 h (ida y vuelta).

DISTANCIA: unos 19 km.

DIFICULTAD: Baja. Excursión que discurre en todo momento por pistas.

En la cima del Tellamendi, monte alavés situado en el valle de Aramaio, dentro de los límites del Parque Natural de Urkiola, se erige una enorme cruz metálica colocada en el año 1934 desde la que se abre una espléndida panorámica de los montes del Duranguesado, especialmente de la mole caliza del Udalatx y de la espectacular y alpina cara este del Anboto.

Los accesos más habituales al Tellamendi son los que parten de Aramaio y Santa Águeda. No obstante, nosotros, seres originales y atrevidos donde los haya, salimos del puerto de Urkiola como unos campeones.

DESCRIPCIÓN DEL RECORRIDO REALIZADO:

Dejamos aparcados los coches justo enfrente del famoso monasterio de los Santos Antonios de Urkiola (San Antonio Abad y San Antonio de Padua), enclavado en medio un paraje elevado desde el que parte la ruta más habitual de ascenso a numerosos montes que conforman el espectacular macizo del Anboto.

Emprendemos la marcha de hoy ascendiendo por la carretera que sale del santuario, el cual dejamos a nuestra derecha, y llegamos por ella a la altura de una señal que prohíbe el paso de vehículos y otro cartel que nos indica que, siguiendo esa dirección, llegaremos a Asuntze y a Pol-Pol. Escasos metros después, tras cruzar una barrera y un paso canadiense, el asfalto da paso a una ancha y cómoda pista de gravilla que va ganando altura progresivamente entre extensas plantaciones en las que predomina el ciprés de Lawson, especie originaria de Norteamérica muy extendida en los términos del Parque Natural de Urkiola, y el abedul, que da nombre al parque (en euskara, “Urkiola” significa “sitio de abedules”).

Iniciando la marcha

La pista nos conduce directamente al collado de Asuntze (870 m). El Urkiolagirre, también conocido como Urkiolamendi, eleva sus herbosos 1.008 m de altitud a nuestra izquierda, mientras que enfrente de nosotros se alzan, con su blancura inmaculada, las paredes calizas del Untzillatx y del Alluitz  y sus agujas afiladas recortando el cielo de la mañana.

En las inmediaciones del collado de Asuntze se encuentra una fuente ferruginosa conocida como Pol-Pol por el borboteo incesante que produce el agua que brota de ella. Y de ahí que a estas extensas campas de hierba se las conozca también popularmente como campas de Pol-Pol.

Collado Pagozelai

Continuamos avanzando por la pista, la cual describe un amplio giro de 90 grados a la derecha y va ganando altura poco a poco rumbo sureste hasta depositarnos en el collado Pagozelai, a los pies del Anboto (1.331 m), la cumbre más hollada del Parque Natural de Urkiola. Estamos situados a 970 m de altitud y un cruce de señales allí colocado nos indica que desde este punto a la cima nos quedarían tan solo 0´9 km. Nada más y nada menos. Y, aunque nuestra intención inicial al salir de Urkiola era ascender a esta emblemática montaña vasca una vez más, las nubes que envuelven el cielo amenazan lluvia y una espesa niebla cubre la cumbre del Anboto. Así que solo nos quedan dos opciones: o subir o no subir. Y decidimos no subir. Y tras esta decisión no aplaudida por todos pero tampoco discutida por nadie, nos vuelven a quedar dos opciones: o seguimos o nos damos la vuelta. Y decidimos seguir. ¿A dónde? Ni idea. ¿Hacia dónde? Pues hacia adelante. A algún sitio llegaremos. La improvisación al poder.

Cruce de señales

Así que seguimos adelante, en dirección al collado Zabalandi, por un sendero que bordea la cara oeste del Anboto y va perdiendo algo de cota hasta depositarnos en una pista. Un cruce de señales nos indica que por la derecha de la pista se baja a la civilización (Olate y Otxandio) y por la izquierda no. Así que tiramos por la izquierda. Ya se sabe: la cabra, que siempre tira al monte.

Y caminando, caminando y caminando por la pista llegamos, sin tomar ningún desvío, a un refugio situado en el collado Zabalandi (896 m), a los pies del Ipizte, cuyos 1.062 m parecen infranqueables desde este punto. Pero no lo son.  Porque hay un caminito que sube sin problemas. Que casi todos los montes tienen esa parte débil y vulnerable por la que ascienden sin contemplaciones todos los montañeros como hormiguitas andarinas.

A los pies del Ipizte

Pero ¿subimos al Ipizte? Pues no. Algunos adultos y todos los niños (todos sin excepción) deciden quedarse allí. Parece que les ha gustado el sitio para jugar y holgazanear un poco, aprovechando que esas nubes amenazantes ya no lo son tanto. Los demás, por honrar un poco a Menditxiki –que no por otro motivo menos altruista que éste- seguimos caminando por la pista, que sube y baja, baja y sube, y, cuando vemos a lo lejos la gran cruz de hierro que se yergue en la cima del Tellamendi, decidimos abandonar la pista y dirigir nuestros pasos hacia ella. Porque está allí y, sobre todo, porque, aparte de la cruz, también hemos visto la hora en los relojes y ya es hora de darnos la vuelta y regresar con los demás.

Así que, antes de volver sobre nuestros pasos, subimos al Tellamendi, nos sentamos en su vértice geodésico, examinamos el buzón, analizamos la cruz, departimos unos minutos sobre el esfuerzo que supone llegar hasta allí con tanto hierro y soldarlo, nos sacamos unas fotos y vuelta hacia atrás.

En la cima del Tellamendi

Y, cuando llegamos al lugar donde se encuentra el resto de la manada, sacamos todas nuestras viandas sólidas y líquidas, disfrutamos de un tiempo de charla animada y, tan pronto como las nubes, que hasta entonces se habían portado muy bien, comienzan a descargar lluvia, sacamos nuestros paraguas y emprendemos el camino de regreso hacia Urkiola, adonde llegamos sin contratiempos y con los paraguas ya plegados. Caldito y bizcocho en un bar situado al otro lado de la carretera y vuelta a casa. Y todo esto lo hemos hecho sin apenas ensuciarnos las botas.

Tellamendi desde Urkiola

Ruta en wikiloc:

DOMINGO, 22 DE ABRIL DE 2012

Cima del Belleku

DATOS DE LA RUTA

ACCESO: Desde el pueblo de Andoin (Araba)
DESNIVEL: 515m
DIFICULTAD: Fácil

El Belleku forma parte, junto con el Bigate, el Mirutegi, el Ballo y otros montes, de la sierra de Entzia, la cual es la continuación occidental de la sierra de Urbasa.
Entre los animales que pueblan estos bosques podemos encontrar el azor, el gato montés y la garduña, junto con los rebaños de oveja latxa y vacas. Los frutos de los hayucos alimentan a los jabalíes, mientras los charcos y humedales surten al tritón alpino y la rana ágil.

DESCRIPCIÓN DEL RECORRIDO REALIZADO:

Inicio del camino

Dejamos los coches aparcados en una calle que surge a la derecha de la rotonda del pueblo, por la parte de abajo de la iglesia y junto al río.
Después de prepararnos, nos dirigimos hacía la plaza del pueblo y cogemos una camino que surge por la derecha entre una casa y un pajar. Dirección sur.
Vamos caminando paralelos al río que desfila ruidoso por nuestra derecha. Es mucho el caudal que trae debido a las intensas lluvias de los días pasados.
A unos 50 m encontramos un portillo que cruzamos e inmediatamente surge una bifurcación por la derecha marcada con hitos. Nosotros dejamos, de momento, esta opción y cogemos el vial de la izquierda, guiándonos por un GPS, para continuar paralelos al río. Nuestra intención es visitar las cascadas de Tobería.

Río

Poco después cruzamos el río, atravesamos una valla y seguimos caminando. Enseguida nos volvemos a encontrar con las aguas que bajan del monte rugiendo y desafiando a todo aquel que se atreva a cruzarlo. Y digo “desafiando” porque aquí nos tenemos que quedar. Es tal la cantidad de agua que baja que nos resulta imposible cruzarlo para seguir nuestro camino.

Después de un poco de juego en sus aguas, volvemos sobre nuestros pasos cogiendo la primera senda que surge a nuestra izquierda, la cual nos sube al monte Belleku.
Seguimos subiendo hasta toparnos con el  antiguo camino que subía al puerto de Andoin. Giramos a la izquierda, dirección sureste, y enseguida nos encontramos con la fuente Giliturri a nuestra derecha. El camino está reparado y se asemeja a una calzada romana, por lo que nuestras botas dejan de pisar el barro acumulado de días anteriores.

¿Calzada?

Poco después, tras hacer el hamaiketako, llegamos a la cima del puerto. Podemos ver un cartel desgastado que nos indica la cima del mismo. Según subimos, a la izquierda hay un camino amplio que se dirige hacia el monte Bigate y a la derecha un cartel indicativo  que marca Urbasa a la izquierda y Erroitegi y San Vicente de Arana a la derecha.
Esta última es la dirección que cogemos y, tras subir una pequeña loma, llegamos a un camino que nos conduce a  dos cabañas de pastores. La primera está cerrada pero la segunda no, así que este será el lugar idóneo para dar rienda suelta  a nuestro apetito más adelante. De momento no vamos a comer ya que tenemos que buscar la cima del Belleku y su buzón.
Seguimos por la derecha de la cabaña, ascendiendo entre unos árboles bajos, y pocos metros después llegamos a la cumbre. ¿Cumbre? No estamos seguros de que sea el Belleku: no hay buzón, ningún vértice geodésico ni ninguna señal que nos indique que esta es la cima.
Damos vueltas, divisamos las cimas de los cercanos Ballo y Mirutegi y las lejanas del Aratz y Aizkorri (que aún tienen nieve), pero seguimos sin encontrar ningún indicio que nos haga salir de nuestra duda. Un poco defraudados y, como es hora de comer, decidimos “bautizar” ese montículo como Belleku y hacernos la foto de rigor.

Jugando

Bajamos a la cabaña y, al calor de una buena hoguera, comemos nuestros bocadillos y postres.
Ya de vuelta, por el mismo camino, los niños aprovechan para hacer esquí sobre barro y jugar con los diferentes riachuelos eventuales. Prueba de ello, toda la ropa llena de lodo.

Más juego

Cuando llegamos al pueblo hablamos con los lugareños y, tras mostrarles la cima en la que habíamos estado, nos dicen que la que nosotros hemos coronado era la cumbre del Belleku y que, efectivamente, no tiene buzón. Nos alegramos de que así sea.
Una bonita ruta y un día bastante agradable. Poco frío y casi no nos ha llovido. La pena es que no hayamos podido disfrutar de las vistas de las cascadas.
Ya volveremos.

Con el barro a cuestas

DOMINGO, 26 DE FEBRERO DE  2012

DATOS DE LA RUTA:

ACCESO: Legutio (Araba)

DESNIVEL: 321 m

DIFICULTAD: Fácil

El Albertia  pertenece, junto con el Isuskiza, el Moroto, el Jarrindo y otros,  a la sierra de Arlaban,  situada en la localidad de Legutio. La cima del Albertia se encuentra en el interior del hayedo, el cual fue escenario de muchos enfrentamientos durante la guerra civil. Muestra de ello son los restos de trincheras que aún se encuentran cerca de su cima.

DESCRIPCIÓN DEL RECORRIDO REALIZADO:

Este domingo 19 de febrero ha amanecido nublado y lluvioso, tal y como anunciaban las previsiones meteorológicas. Sin embargo, una vez más, nos hemos reunido un grupo relativamente numeroso y, otra vez, cargados con el optimismo que nos caracteriza, haremos frente a todas las adversidades que se pongan en nuestro camino.

Al llegar a Legutio, nos dirigimos al club de golf de Larrabea, uno de los puntos de inicio a la ascensión del Jarindo y del Albertia. La verdad es que hoy no disponemos de demasiada información y, por más que miramos cuál puede ser el inicio de la ruta, no lo tenemos nada claro; por tanto, decidimos volver al pueblo e iniciar la ruta desde allí.

Bosque de hayas

Aparcamos los coches en el pueblo y preparamos nuestros “equipos”. Una vez más, son numerosas las cosas que vamos a necesitar (paraguas, chubasqueros, polainas, guantes, gorros…) y de esta forma comenzamos nuestro camino. Atravesamos el pueblo por su calle principal, dirección N, mientras vamos preguntando a los lugareños el camino de ascensión a los montes que hoy nos ocupan. De esta forma, vamos despejando dudas y haciéndonos una idea del camino que debemos tomar. A las afueras del pueblo, en dirección a Aramaio, tomamos una desviación a la derecha que baja hacia unos caseríos y algunas granjas. Seguimos unas marcas rojas y blancas y, cuando termina el asfalto, pasamos una verja, atravesamos una campa donde pastan plácidamente vacas y caballos, cruzamos otra verja y llegamos a una pista, siempre siguiendo las marcas rojas y blancas. Continuamos por la pista a la derecha intentando “adivinar” cuál es el camino para ascender al Albertia. Seguimos las marcas hasta una valla con un paso canadiense que está cerca de unos establos. Allí mismo, junto a la verja, se adivina un sendero a nuestra izquierda que asciende en dirección NNE, claramente hacia donde intuimos que está la cima; por tanto, decidimos aventurarnos por este difuminado sendero.

Entre el bosque

Llueve intermitentemente pero, afortunadamente, el viento no es intenso y con nuestros paraguas podemos protegernos de la lluvia cómodamente. Ahora vamos remontando la ladera del monte y ganamos altura con rapidez. El sendero, que no es tal, se difumina por momentos, pero la dirección que debemos seguir es evidente. Pronto y en un hermoso bosque de hayas, aparece la nieve que hace que el paisaje tome un aire bucólico. Los más pequeños y algún que otro grandullón se enzarzan en una “encarnizada” batalla de bolas de nieve. Tras esta lucha, continuamos nuestro camino, unas veces con los paraguas desplegados, otras con ellos cerrados en función de los caprichos del dios de la lluvia en esta mañana invernal. Remontamos la pendiente hasta su cordal y allí nos encontramos con un sendero bien marcado con hitos y marcas rojas y blancas. Los seguimos a la derecha (dirección E) confiando en que nos lleve hasta la cumbre. Así es: en pocos minutos alcanzamos la cumbre del Albertia (868 m). En la misma hay un gran vértice geodésico, un monumento de ANV, un buzón y un nacimiento.

Nos hacemos las fotos de rigor, aprovechamos para hacer un pequeño almuerzo, y decidimos, dadas las condiciones climatológicas, regresar al pueblo y dejar la cumbre del Jarindo para mejor ocasión.

Comiendo

De esta forma volvemos sobre nuestros pasos pero, en vez de desandar el camino de ascenso, preferimos seguir el sendero que en los últimos metros nos ha llevado a la cumbre, confiando en que nos lleve directamente al pueblo, como finalmente sucede.

Al llegar al pueblo nos dirigimos al pórtico de la iglesia, que consideramos que será un lugar apropiado para comer. Y así es ya que, además del pórtico propiamente dicho, hay unos bancos que nos permiten comer con mayor comodidad. Una vez más comienza el ritual y de nuestras mochilas comienzan a salir una gran variedad de alimentos, incluidas dos tartas, dulces variados y, por supuesto, vino. Comemos plácidamente sin prisas y después nos dirigimos a un cercano bar a tomar un café aprovechando que hoy hemos comido en el pueblo.

A pesar del frío y, sobre todo, de la lluvia, hemos podido disfrutar de otra jornada montañera y  de un agradable paseo invernal.

En la cima