Entradas con la etiqueta ‘Montes en Bizkaia / Vizcaya’
Domingo, 7 de marzo de 2010

Zanburu
Hora y lugar de encuentro: A las 10:00 h. en el aparcamiento situado a la entrada de Zeanuri (Bizkaia).
DATOS DE LA RUTA:
Acceso: Ermita de San Justo, situado a 382 m. de altitud. Para llegar a San Justo hay que dirigirse a Zeanuri (Bizkaia) y allí tomar una estrecha carretera (la BI-4523) que sale del aparcamiento situado a la entrada del pueblo viniendo de Bilbao por la BI-3530. Tras 3´7 kilómetros de recorrido por esta carretera se llega a la explanada donde se encuentra al área recreativa de San Justo.
Desnivel: 407m.
Tiempo aproximado: 1h 10´ de ascensión.
Dificultad: Fácil.
Zanburu es una modesta cumbre de 789 metros situada en la vertiente norte del Parque Natural de Gorbeia. Su escasa altitud no es óbice alguno para que en días despejados podamos disfrutar desde su cima de inmejorables vistas al macizo del Gorbeia y al valle de Arratia.
La ruta de acceso a este monte coincide con uno los caminos que antaño tomaban los montañeros para subir al Gorbeia: el que parte de la misma plaza de Zeanuri y atraviesa el emblemático paso de Atxebagi. La construcción en los años setenta de la carretera que une Areatza y Pagomakurre ha convertido hoy en día a este área recreativa en el punto más popular y sencillo para ascender hasta la cruz del Gorbeia. Nosotros, sin embargo, rescataremos uno de los accesos más ancestrales e interesantes que existen para internarse en el precioso Parque Natural de Gorbeia: el que arranca de Zeanuri y, tras pasar por la ermita de San Justo y atravesar el mítico paso de Atxebagi, nos coloca a los pies del Zanburu, una bonita montaña de perfil inconfundible.

Cima del Zanburu
DESCRIPCIÓN DEL RECORRIDO REALIZADO:
Dejamos aparcados los coches enfrente de la ermita de San Justo, ubicada en un bello robledal junto a una bonita fuente y rodeada por una sombreada área recreativa con mesas y asadores. Además de por la belleza natural del entorno, este recóndito lugar merece la pena ser visitado porque a escasos metros de la ermita puede contemplarse un calero que cayó en desuso en 1950 y que, tras ser reconstruido 46 años después, se pone en funcionamiento una vez al año con ocasión de la tradicional romería a San Justo, que se celebra el primer domingo de agosto.
Enfrente de la ermita salen dos pistas bien visibles y en medio de ellas se encuentra un estrecho sendero con un cartel indicador de madera donde podemos leer lo siguiente: Araba 4´8 km y Gorbeiagane 8 km / 2 h. 45´. Y es precisamente este sendero por el que nos internamos tras cruzar una alambrada allí situada.

Ermita de San Justo

Sendero inicial
Comienza así una ascensión entre pinos que discurre paralela a la alambrada. Después de cruzar más adelante dicha alambrada por un paso habilitado para ello y continuar caminando unos metros más, el sendero desemboca en una pista forestal. Atravesamos la pista y continuamos de frente siguiendo las marcas rojas y blancas hasta llegar a un pequeño alto. Allí giramos a nuestra derecha y, poco después, nos encontramos con una pista que desciende hacia Zeanuri y que –obviamente– no cogemos. En vez de eso, seguimos de frente por un sendero señalizado por un hito que continúa ascendiendo y, siguiendo las marcas naranjas y los hitos, llegamos a una campa, giramos a la izquierda pegados a un sendero que discurre a los pies de un espolón rocoso, atravesamos el legendario paso de Atxebagi (760 m) y llegamos a la meseta del Zanburu, un bonito lugar rodeado de espinos cargados de muérdago.
Una vez en este alto, giramos a la izquierda y, después de atravesar el lapiaz, alcanzamos poco tiempo después la cima del Zanburu, coronada por un gran escudo medio oxidado, una placa conmemorativa y un buzón puesto allí el 13 de abril de 1980 por el Grupo de Montaña Iberduero. Preciosas y espectaculares vistas al valle de Arratia. Y el habitual tentempié, claro.

Portillo de Atxebagi

En la cima

Buzón del Zanburu
Como la marcha se nos ha quedado un poco corta y es todavía temprano para regresar a San Justo, decidimos no retomar el camino por el que habíamos venido y probar algo diferente. No tenemos muy claro todavía hacia dónde nos llevarán nuestros pasos, pero la aventura es la aventura. Así que, al llegar a la meseta del Zanburu, en lugar de descender de nuevo hacia el paso de Atxebagi seguimos de frente siguiendo unas marcas naranjas hasta llegar a una alambrada que evitamos rodeándola por nuestra izquierda. Seguimos adelante y desembocamos en una ancha pista.
Un cartel de madera nos indica que Arraba se encuentra a 2´9 km y Gorbeiagane a 6´1 km internándose por un sendero situado a la derecha de la pista a la que hemos llegado. No obstante, nosotros decidimos seguir caminando la pista porque sí. Porque nos da la gana y punto. Y si después hay que volver hacia atrás pues se vuelve, que para eso tenemos piernas.
No obstante, cuando ya llevamos un buen rato descendiendo un experto en descifrar mapas al que queremos mucho nos informa que por allí cerca tiene que salir a la izquierda una pista que conduce a San Justo. Y otro experto en GPS al que también queremos mucho consulta este dato en su aparatito y dice que sí, que efectivamente. Qué bueno es tener expertos en el grupo y confiar en ellos. Así va uno más tranquilo, feliz y relajado por estos mundos de Dios.
¿Encontraremos el camino?

Pista que cogemos

Zanburu a lo lejos
Pues claro que sí. No es que esté muy señalizado pero, justo en el momento en que la pista por la que caminamos comienza a ascender ligeramente, nos encontramos con otra pista que gira bruscamente hacia la izquierda y en la que hay una piedra con una flecha naranja medio borrosa a la que hacemos caso. Adelante.
Llegamos poco después a un cruce desde el que se divisa con total claridad el precioso e inconfundible perfil en forma de proa del Zanburu. Y seguimos por la izquierda. Descendemos por una pista un tanto embarrada, atravesamos una portada de madera y nos colocamos a los pies del Zanburu. Lo bordeamos por su cara norte y continuamos descendiendo por el mismo camino, el cual nos conduce sin prisa pero sin pausa a la ermita de San Justo. Más concretamente, hemos desembocado en la pista situada a la derecha del sendero por el que habíamos iniciado la ascensión. Hemos venido así a parar al punto inicial de partida tras improvisar una bonita ruta circular.
Almuerzo y regreso a Zeanuri, donde nos espera un café calentito. Buena charla e inmejorable compañía. Como siempre.
Domingo, 28 de febrero de 2010

Buzón del Jata Txiki
Hora y lugar de encuentro: A las 10 h en la gasolinera que hay en la BI-631 (carretera de Bermeo), poco después de pasar la desviación a Larrauri (que no hay que coger). Y a las 10:15 h en la ermita de San Miguel de Zumetxaga, enclavada en el barrio Larrauri de Mungia (Bizkaia).
DATOS DE LA RUTA:
Acceso: Ermita de San Miguel de Zumetxaga, en Mungia (Bizkaia), situada a 258 metros de altitud. Para llegar a la ermita desde Bilbao hay que ir dirección Mungia, continuar por la BI-631 (carretera de Bermeo) y desviarse después por la BI-2101 (Camino de Ugalde). Escasos metros después de pasar junto a la gasolinera de Bakio, hay que coger una desviación a la izquierda en cuyo inicio se encuentra un cartel indicador en el que aparece escrito “San Miguel”. Desde allí una empinada carretera de 2´5 kilómetros nos deposita directamente en la ermita de San Miguel.
Desnivel: 6oo m. de desnivel positivo (1.200 m. acumulados).
Distancia: Unos 9 kilómetros (ida y vuelta).
Tiempo aproximado: 1 h 40´ (0h 40´ de ascensión al Jata y 15´más al Jata txiki).
Dificultad: Media.
El Jata, perteneciente al macizo del mismo nombre, es una montaña de suaves formas que se encuentra situada entre las localidades vizcaínas de Mungia, Bakio y Maruri-Jatabe. Son varios los puntos de acceso a esta montaña vizcaína (Bakio, Mungia, Larrauri…), pero nosotros optaremos por uno de los más frecuentes y fáciles de seguir: el que parte de la ermita de San Miguel de Zumetxaga, enclavada en el barrio Larrauri de Mungia. Desde esta preciosa ermita románica se puede alcanzar la cumbre del Jata por su ladera este siguiendo un camino que asciende en fuerte pendiente. Una vez en el monte Jata, nos acercaremos a la cima del Jata Txiki y desde allí descenderemos a Bakio para posteriormente regresar a la ermita de San Miguel, completando así un bonito e interesante recorrido circular.

Jata desde San Miguel de Zumetxaga
DESCRIPCIÓN DEL RECORRIDO REALIZADO:
San Miguel de Zumetxaga (258 m.) – Jata (600 m.) – Jatabenierdia (518 m.) – Jata Txiki (555 m.) – Jatabenierdia (518 m.) – Bakio (37 m.) – San Miguel de Zumetxaga (258 m.)

Mapa hipsométrico

Marca en el sendero que cogemos

Comenzando la marcha
Dejamos aparcados los coches en una explanada situada junto a la ermita de San Miguel de Zumetxaga, del siglo XII, donde un cartel de madera nos indica que desde allí al Jata tenemos una distancia de 1.500 metros y 40 minutos. Así que desde este precioso lugar rodeado de viejos robles damos inicio a nuestra marcha montañera del día de hoy tomando para ello una pista herbosa situada en la zona de aparcamiento, la cual está señalizada con una cruz en forma de aspa. Esta indicación – si no conociéramos previamente el camino – nos hubiera llevado a buscar otro punto de inicio distinto, pero en este caso estamos completamente seguros de que es por ahí y por ahí nos encaminamos.
El camino, que al principio es ancho, se va estrechando paulatinamente hasta convertirse en un estrecho sendero que asciende de forma vertiginosa entre pinos y eucaliptos y que culmina en un cortafuegos final con una fuerte pendiente que en algunos tramos llega a alcanzar el 40%. Alcanzamos así el cordal superior desde el que, girando a nuestra derecha, llega en escasos minutos a las antenas de telefonía y televisión y a la gran e inconfundible estación metereológica que, semejante a un gigantesco chupachups, se erige como un enorme monstruo en medio del cordal cimero. Pocos metros después nos encontramos con el vértice geodésico y el original buzón con forma de cohete– hoy completamente cubierto de ramos de flores – que coronan la cumbre de este conocido monte de escasos 600 metros de altitud.

En la cima del Jata
La cima del Jata dicen que suele ser ventosa pero hoy no sopla nada de viento. Y eso que los de Euskalmet habían pronosticado que la ciclogénesis explosiva que sacudió ayer Euskal Herria iba a dar hoy sus últimos coletazos y que se iba a notar especialmente en zonas expuestas. Pues aquí no hay ni el más mínimo indicio de ello, la verdad. En cualquier caso, con viento o sin él, lo que es innegable es que la cumbre del Jata se eleva en un lugar privilegiado y que constituye una magnífica atalaya desde la que se pueden disfrutar de unas espléndidas vistas panorámicas, especialmente de Bakio, con San Juan de Gaztelugatxe al fondo.
Tras tomar un tentempié –que de ligero tiene más bien poco–, dejamos atrás la cima del Jata y continuamos nuestro camino descendiendo dirección norte por la ladera opuesta a la que habíamos subido. Nuestra intención es coronar la cumbre de otro cercano monte: el Jatabe Iñarti, Jatatxikerra u Odelaga, más conocido por los montañeros como Jata Txiki, el cual, a pesar de sus modestos 555 m. de altitud, constituye el punto más alto del término municipal de Bakio.

Hacia el collado Jatabienerdia

En el Jata Txiki
Para ello descendemos por una senda muy evidente que arranca del mismo buzón del Jata y que conduce hasta el collado Jatabienerdia, donde una puerta metálica de color verde impide el paso de vehículos. Allí nos encontramos dos pistas: la situada más a nuestra derecha conduce a Bakio, que es la que posteriormente tomaremos. Ahora, por el contrario, lo que hacemos es continuar por la pista de enfrente, que asciende muy suavemente entre pinos y eucaliptos. Seguimos rectos desechando todas las desviaciones a la izquierda que jalonan el camino hasta llegar sin problemas hasta el bonito buzón con forma de ermita del Jata Txiki, colocado allí el 1 de diciembre de 2.007.
Regresamos a continuación al collado Jatabienerdia para coger la ancha pista que conduce a Bakio. Descendemos por esta pista, que primero es de gravilla y posteriormente de cemento, hasta llegar a la altura de otra puerta metálica exactamente igual que la que nos hemos encontrado en anterior collado. La atravesamos y llegamos así a una pequeña explanada con mesas y bancos de madera y una caseta metálica. Allí nos encontramos con un cruce de pistas: una a la izquierda y otra a la derecha que, a su vez, se bifurca en dos. Cogemos la pista de la derecha y la bifurcación de la izquierda, una pista de cemento que desciende de forma acusada hasta llegar al barrio de Goitisoloalde, donde se encuentra una pequeña y acogedora área recreativa (Goitisolo) en la que nos paramos a comer.

Cruce de caminos

Área recreativa Goitisolo

Pista que cogemos
Después de nuestro siempre merecido almuerzo continuamos descendiendo por la pista y llegamos a la altura del Restaurante Itxas Begi. Torcemos a la derecha y cogemos un poco más abajo la primera desviación a la derecha que nos encontramos, la cual pasa junto a un caserío pintado de blanco y comienza a perder altitud hasta desembocar en la BI-2001, a escasísimos metros de la estrecha carretera por la que habíamos subido a la ermita de San Miguel. Llegado a este punto decidimos que los niños ya han cumplido su cometido como unos auténticos campeones y que pueden ahorrarse los 2´5 kilómetros y 221 metros de desnivel que separan el punto en el que nos encontramos del aparcamiento de San Miguel en el que tenemos los coches. Así que los niños y algunos adultos giran hacia la izquierda para recorrer la poca distancia que les queda hasta la bonita villa pesquera de Bakio y los demás ascendemos la fuerte rampa que nos conduce de nuevo a San Miguel. Y, una vez en los coches, nos dirigimos a la playa de Bakio, donde los niños – y algunos no tan niños – aprovechan para jugar un buen rato. Hoy todos hemos tenido la oportunidad de poder disfrutar al final de un precioso domingo soleado después del largo y frío invierno que nos está tocando vivir este año. Menos mal.
Domingo, 17 de enero de 2010

Buzón del Urkiolamendi
Hora y lugar de encuentro: 9:45 en la gasolinera que está situada a la altura de Amorebieta, en la A-8. Y a las 10:15 en Atxarte (Abadiño).
DATOS DE LA RUTA:
Acceso: Ermita del Santo Cristo de Atxarte (270 m), en Abadiño (Bizkaia). Para llegar allí hay que tomar la carretera Durango-Elorrio y, una vez en Abadiño, coger una desviación que indica “Mendiola”. Continuamos por esta carretera sin desviarnos y unos dos kilómetros después de atravesar los últimos caserios de Mendiola llegamos a las canteras de Atxarte, lugar donde se halla ubicada la ermita del Santo Cristo de Atxarte.
Desnivel: 741 m.
Tiempo aproximado: 2h 20´ (1h 15´de ascensión).
Dificultad: Media
La loma herbosa y redondeada del Urkiolagirre o Urkiolamendi, enclavado en pleno Parque Natural de Urkiola, ofrece un llamativo contraste con las peñas calizas de los montes que lo rodean. Su ascensión desde el Santuario de Urkiola es tan sencilla que habitualmente suele ser un complemento para todos aquellos montañeros que se acercan desde el Santuario al mítico Anboto. No obstante, la ruta que proponemos aquí - la más larga de todas - confiere a este modesto monte una singularidad y protagonismo especial. Además, su ascenso desde el desfiladero de Atxarte, una angostura entre el Astxiki (791 m) y el Untzillatx (941 m), permite convertirse en espectador privilegiado de la belleza de todos los montes del macizo del Durangaldea.
DESCRIPCIÓN DEL RECORRIDO REALIZADO:
Dejamos aparcados los coches enfrente de las viejas canteras de Atxarte, situadas a los pies del Untzillatx. Y aunque no podemos negar que estas canteras, hoy en día cerradas y abandonadas, afean notablemente la belleza del entorno, tampoco podemos dejar de reconocer que no constituyen óbice alguno para que el caminante se sienta empequeñecido y sobrecogido en medio de este impresionante paraje rodeado de enormes y desafiantes paredes de roca caliza y rodeado de historias y leyendas antiguas que nos hablan de un pasado cargado de magia. Porque este lugar constituye, sin lugar a dudas, una mágica e inigualable puerta de entrada a la indescriptible belleza del Parque Natural de Urkiola.

Cruzando el puente
Comenzamos nuestro recorrido por este precioso rincón de Bizkaia cruzando el pequeño puente situado a final de la carretera por la que hemos venido. A nuestra derecha dejamos la ermita del Santo Cristo de Atxarte, la cual, según cuenta la tradición, fue construida para detener las correrías de las lamiak que habitaban en la cueva Atxarteko koba, que se hallaba situada justo detrás de la ermita y que hoy ha desaparecido a causa de las canteras. La propia ermita es una reconstrucción de la original, que –al parecer– fue hundida por una voladura. Unas pérdidas irreparables.

Caminando por el hayedo
Nada más cruzar el puente que se alza sobre el arroyo de Atxarte vemos a nuestra izquierda los restos de un antiguo molino de agua. Y a la derecha nos encontramos con una desviación que vuelve a cruzar el río por un precioso puentecito de piedra que conduce al antiguo camino que unía Abadiño y Urkiola. Sin embargo, no tomamos esa desviación sino que seguimos de frente por una pista de cemento que asciende hasta llegar a una zona llana en la que hay habilitada una pequeña explanada de cemento donde dejar los coches. Justo allí nace un sendero a mano izquierda, que es precisamente el que cogemos. Escasos metros después, nada más cruzar una alambrada por un paso habilitado para ello, la senda describe una fuerte curva a la derecha y asciende por un bosque de hayas centenarias. A nuestra izquierda podemos contemplar las impresionantes crestas rocosas del Astxiki.

Campas de Artola
Continuamos por la senda sin desviarnos, descartando una bifurcación a la izquierda, marcada con un hito, la cual conduce al collado del Astxiki. Escasos minutos después de la citada desviación alcanzamos las campas de Artola (también conocidas como praderas de Genzelai). Allí una gigantesca torre de alta tensión descansa impasible al lado de unas viejas y preciosas hayas bajo el manto protector de una enorme pared de roca caliza. El pasado y el presente unidos. La mano del hombre y la fuerza de la naturaleza conviviendo en armonía en medio de un idílico paraje de cuento de hadas.

Señales indicadoras
En las campas de Artola nos encontramos con unos carteles de madera que nos indican tres direcciones distintas: el collado de Artola, situado a 20´ , Atxarte, a 30´; y, por último, Asuntze, adonde se llegaría en 45 minutos siguiendo el camino que está situado justo enfrente de nosotros.
Nuestra intención es ir hacia Asuntze, así que continuamos caminando por la ancha pista de tierra por la que el citado cartel nos invita a seguir. Pronto nos daríamos cuenta de que el cartel de madera no marcaba la dirección correcta. De hecho, a la vuelta nos volvimos a detener en el cartel y, mirando con más detenimiento, pudimos ver que algún buen samaritano, que se había percatado antes que nosotros del error, había escrito a bolígrafo sobre el mismo cartel de madera “Asuntze” con una flecha que indicaba la dirección correcta. Porque, llegados a este punto, no hay que seguir recto sino continuar por detrás del hayedo siguiendo una senda de hierba dirección sudeste bajo la falda del Alluitz.

Senda a la izquierda
No obstante, nosotros –que en ese momento no sabíamos nada– seguimos por el camino que indicaba el cartel, una pista de tierra que poco después comienza a descender y acaba uniéndose con una ancha pista de grava que viene de Atxarte. Continuamos por la citada pista, que sigue paralela al arroyo de Mendiola, hasta que ésta describe una fuerte curva de 180 grados justo después de pasar junto a una enorme y majestuosa haya. Allí nos damos cuenta claramente que si continuamos caminando por la pista nos alejaremos de nuestro objetivo, así que la abandonamos cogiendo una estrecha senda a nuestra izquierda que asciende en fuerte repecho por un precioso bosque de hayas.
Tras sortear esta corta pero fuerte pendiente, enlazamos con la senda que viene de las campas de Artola y continuamos por ella hasta llegar al paso de Asuntze (880 m) y a las campas de Pol-Pol, donde se encuentra la famosa fuente ferruginosa.
Decidimos allí hacer un alto en el camino para tomarnos nuestro merecido almuerzo. Después de comer al abrigo de un pequeño refugio, la mitad del grupo más o menos inicia el descenso por el mismo sendero por el que habíamos venido mientras que la otra mitad tomamos la decisión de visitar el cercano Urkiolamendi.

En el Urkiolamendi
Así que ascendemos por su ladera herbosa hasta coronar su cima, presidida por un buzón, un vértice geodésico y una mesa de orientación. Allí tenemos la oportunidad de disfrutar una vez más de las increíbles vistas que desde este discreto monte pueden contemplarse: todo el cresterío Alluitz-Anboto, hoy cubierto de unas finas y entrecortadas capas de niebla que confieren a este abrupto y espléndido paisaje un aspecto realmente impresionante.
Tras las fotos de rigor, descendemos por la misma ladera por la que habíamos subido y nos encaminamos de nuevo hacia Atxarte, adonde llegamos escasos minutos después que el resto del grupo. Una vez más, hemos podido disfrutar de una bonita y agradable jornada montañera a pesar del barro que nos ha acompañado durante casi todo el camino.
