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Domingo 26 de febrero de 2012
DATOS DE LA RUTA
ACCESO: Desde el ayuntamiento de Zumaia (Gipuzkoa)
DESNIVEL: 560 m
DISTANCIA: 13,200 Km
DIFICULTAD: Fácil
La ruta de hoy es un tramo del GR-121. Destaca por su gran belleza y valor ecológico de la rasa mareal y la variedad de ecosistemas litorales. Fue declarado Biotipo Protegido por el Gobierno Vasco en el 2009. La gran vista desde lo alto de los acantilados, con la marea baja, hace que la ruta embellezca aún más ya que deja al descubierto la erosión producida por las mareas.
El conjunto de acantilados recibe el nombre técnico de “flysch” que se adentran en el mar a modo de costillar. Estos son secuencia de extractos compuestos por calizas, areniscas, margas y rocas arcillosas.
DESCRIPCIÓN DEL RECORRIDO REALIZADO
Este recorrido, que hemos elegido para el día de hoy, es un poco largo y además no es circular. Al ser una ruta lineal nos obliga dejar parte de los coches en Deba y otros en Zumaia. No podemos ir desde Zumaia a Deba y viceversa porque sería demasiado largo para hacerlo con los niños. Por lo tanto vamos todos a Deba, allí dejamos dos coches y nos repartimos en el resto poniendo dirección Zumaia. Aquí, aparcamos donde podemos y encaminamos nuestros pasos hacia el ayuntamiento de esta localidad para iniciar la ruta de hoy.
Reunidos todos, comenzamos la ruta por la calle Arritokieta, calle que sube hacía el noroeste y que presenta una pequeña pendiente. Casi al final encontramos una desviación a mano izquierda por la cual, los más rápidos, se dirigen. Enseguida se dan cuenta que este no es el camino correcto. Así continuamos por la calle Arritokieta hasta que termina. Justo al final de la misma hay dos senderos bien marcados, uno que sube hacia la izquierda y otro que baja por la derecha y, como nosotros somos poco andarines, cogemos el de la derecha que baja. ¡Qué no!, no es que no nos guste subir, lo que pasa es que este, es le camino correcto.
Así seguimos dirección al mar dejando algunas casas detrás, junto a las cuales nos encontramos un cartel informativo que nos cuenta las especies protegidas de pesca y un mapa con el recorrido.
Lo miramos y seguimos por el vial que nos lleva a una pequeña campa en la que se puede contemplar los primeros “flysch”. Hay que tener cuidado al asomarse porque hay mucho precipicio al mar. Aquí nos hacemos unas fotos y seguimos el camino que comienza a subir en zig zag. Nuestra primera subida. No será la única. Hay varias pero no son dificultosas.
Después de la subida seguimos llaneando y guiándonos siempre por las marcas rojas y blancas que marcan esta ruta.
Caminando, caminando llegamos a una carretera asfaltada. Giramos a la derecha hacia los caseríos de Andika y Mandika y, después de estas, un camino que surge por la derecha será nuestra próxima desviación. Ahora recorreremos un tramo del Camino de Santiago o Camino de la Costa que procede de Irun.
Llegamos a la zona de Elorriaga con merendero y columpios. Aprovechamos para hacer el tentepie de rigor. Mientras los mayores degustamos frutas variadas, chocolate, avellanas y demás, lo niños juegan con la arena del parque y los columpios. Si es que, cuando hay columpios, lo demás sobra.
Tras el ratito de descanso iniciamos, de nuevo, la marcha hacia Deba siguiendo las marcas rojas y blancas. Pronto nos encontramos con un cruce de caminos con señales indicativas en la que podemos saber que nos quedan 6 km para llegar a nuestro destino. Giramos a la izquierda, hacia las casas y 40 m. más allá giramos a la derecha, no sin antes entretenernos con unos pequeños ponis que hacen las delicias de los pequeños y no tan pequeños. “Ama me lo quiero llevar al salón de mi casa”- comenta una peque del grupo-. Me temo que no va a ser posible. No porque no den ganas, no. Porque no es factible.
Enseguida nos adentramos en un bosque de pinos que no nos deja disfrutar de las hermosas vistas que tiene la ruta pero que, aún así tiene su encanto. Sorteando los animales que pastan en la zona, terminamos el bosque para encontrarnos con una preciosa campa junto a la cual se encuentra un precipicio hacia el mar. Algunos, los más rápidos bajan a la orilla por un pequeño paso reforzado con una cuerda para agarrarse. (Si tienes vértigo bajar no es recomendable). Allí, los que han bajado, investigan los placeres de las olas cercanas y la recogida de piedras curiosas. Encuentran un pulpo. Le quieren dar caza pero el animal es más listo y se les escurre entre las rocas.
Los que no bajamos nos acomodamos en el prado y comenzamos a degustar nuestra comida porque el estomago está pidiendo “gasolina”. Poco a poco, los que han bajado han subido y se disponen, ellos también, a degustar sus bocadillos. Hoy tampoco ha faltado la tarta, el vino y el café.
Terminada la comida y el descanso nos disponemos a recorrer cinco kilómetros y medio que nos quedan. Volvemos al camino y comenzamos a ascender una pequeña pendiente que termina en una loma con un cartel desgastado, junto a él una puerta metálica que atravesamos. Seguimos el sendero y pronto veremos las vías del tren a nuestra derecha. Continuamos y tras atravesar un riachuelo el sendero nos llevará a la otra parte de las vías. Aquí el camino sigue por dos partes: una hacia la derecha por la GR y otra por la izquierda por el antiguo camino del ferrocarril que cubría la línea Deba-Zumaia. Este último es más fácil y con menos desnivel y, además, tiene un atractivo especial: túneles.
Claro, los niños prefieren este y algunos mayores también. Esto nos lleva a la división provisional del grupo. Tres adultos siguen por el exterior de los túneles y el resto por el interior. Atravesaremos tres: uno largo, otro corto y el último largo. Terminado este llegamos a una depuradora de agua que bordearemos por su derecha para enfilar la última cuesta de esta ruta. Bueno la última para algunos para otros no.
Cuando se termina la pendiente topamos con la carretera Deba-Zumaia. Ya solo nos separa de nuestra meta un kilómetro pero tiene una dificultad: caminar por carretera.
Aquí decidimos separarnos de nuevo. Los conductores de los coches bajamos a Deba por la carretera y el grupo principal, con niños incluidos, sigue hacia la ermita de Santa Catalina continuando así por el camino real de la ruta.
Así, los que no tienen que conducir, giran a al izquierda y cruzan la carretera siguiendo el GR hasta llegar a la ermita.
Repostan agua y siguen la marcha por las marcas rojas y blancas hasta un cruce de caminos. En este cruce, cogen la dirección que marca Deba, a la derecha, y abandonan la GR. La senda es estrecha a lo largo de una valla de alambre hasta llegar a la playa.
Reunidos todos en Deba, de nuevo, y después de que los más pequeños hayan disfrutado de la arena e incluso el agua de la playa nos acercamos a un bar cercano a tomarnos un café para, poco después, despedirnos hasta el próximo domingo.
Ha sido una gran ruta. Unas vistas preciosas, un día espléndido, y como siempre, la compañía inmejorable.
La única pena que me queda es que no haya podido terminar la ruta por la ermita de Santa Catalina. Es lo que tiene cuando el día sale bueno. Todo se tercia más lento y los descansos se prolongan.
Da igual, otro día podemos volver.¿Verdad?
Domingo, 12 de febrero de 2012
DATOS DE LA RUTA
ACCESO: Km 3 de la carretera GI-3591 que asciende al santuario de Arantzazu, en el barrio de Urteagain, en el parking situado junto al restaurante del mismo nombre.
DESNIVEL: 709 m
DISTANCIA: 8 km ida y vuelta (aprox)
DIFICULTAD: Fácil
La sierra de Aloña es la prolongación de la conocida sierra de Aizkorri hacia el NW. Decir donde acaba Aloña y empieza Aizkorri parece que no está claro. Parece que la separación se ubica entre Arriurdin y Artzanburu, en el collado de Biozkorne, pero alguna otra fuente marca la frontera en el collado de Andreaitz o Igoate, que separa el Andreaitz del Arbelaitz, siendo este el primer pico que supera los 1500 mts.
DESCRIPCIÓN DEL RECORRIDO REALIZADO
Tras reunirnos en la gasolinera de Amorebieta y organizar los coches para dejar alguno allí, nos dirigimos al punto de inicio de la ruta. El día se presenta con nubes y claros y con un gélido viento del Nordeste que empezamos a “padecer” nada más salir de nuestros coches. Confiamos en que el viento no arrecie y que el sol se haga un hueco para poder “caldear” un poco este gélido día de febrero.
Una vez que hemos preparado todos nuestro equipo, hoy no son pocas las cosas que necesitamos, y armados con nuestros trineos y palas y bien abrigaditos con toda suerte de prendas de abrigo (gorros, guantes, buffs, chamarras etc), nos ponemos en marcha.
Nuestra ruta comienza en el aparcamiento que está junto al citado restaurante, al otro lado de la carretera. Cogemos un sendero que queda a nuestra derecha SE, desechando la pista cementada que queda de frente. Por fuerte pendiente y prestando mucha atención ya que los regueros de agua están completamente helados, vamos ganando altura con rapidez y pronto comienza a aparecer la nieve que hará nuestra marcha mucho más cómoda y, sobre todo, menos “peligrosa”. Un tímido sol asoma por momentos mientras avanzamos por un bosque mixto de pinos y hayas, para pasar poco tiempo después junto a unas bordas y atravesar un par de vayas, y llegar así a una pista que cogeremos (izquierda) en sentido ascendente.
Llegamos a una explanada junto a un pequeño bosque de hayas donde unos caballos pastan plácidamente, ajenos al frío siberiano que estamos padeciendo. Dejamos la pista y continuamos de frente, SE, por terreno despejado siguiendo la cresta de la sierra en fuerte pendiente. Poco a poco vamos avanzando mientras sufrimos los rigores de esta fría mañana de febrero, sobre todo cuando el viento nos azota con cierta intensidad. La verdad es que el día se está poniendo duro para los más pequeños pero confiamos en que el viento no sea tan fuerte cuando nos encaramemos al cordal de la sierra. Quizás sea pecar de optimismo, pero una vez aquí no nos vamos a amedrentar. Algunos de los más pequeños sufren los rigores de la ola de frío siberiana y tenemos algunas crisis. Los mayores, sin embargo, vamos disfrutando de un increíble paisaje invernal, contemplando las preciosas pirámides nevadas que forman hoy y desde esta perspectiva, el Anboto y el Udalatz, que quedan a nuestra espalda.
No sin esfuerzo, llegamos a la cima del Belauko o Belar (922 m). Los que han llegado primero se protegen del viento detrás de la caseta con antena que hay en esta cima. El paisaje desde aquí es magnífico: a nuestros pies el valle de Oñati; de frente todo el cordal de la sierra de Aloña, que nevado presenta una estampa espectacular; el valle de Araotz, la sierra Zaraia, Anboto y su cresta, Udalatz…
Aunque algunos ya han echado mano de sus ricas viandas, decidimos continuar hasta unas cercanas bordas, bueno más bien “chaletes”, donde pensamos estaremos más resguardados y podremos hacer el hamaiketako con mayor comodidad. Recorremos, ahora por terreno casi llano y rodeados de este magnifico paisaje, la distancia que nos separa de dichas bordas hundiendo nuestras botas en la nieve. El sol asoma por momentos y, como la propia sierra nos protege del viento, la sensación térmica mejora notablemente. Nos paramos en uno de estos refugios, el cual tiene un pequeño porche que nos sirve para dejar los trastos y resguardarnos del viento. Ahora sí hacemos nuestro consabido tentempié, aunque rapidito que las manos se nos congelan, saboreamos algunos de nuestros variados alimentos.
El Gorgomendi, se presenta altivo y desafiante con su preciosa estampa invernal. Evidentemente, nuestro hijos no quieren saber nada de seguir caminando y prefieren jugar con los trineos, pero la mayoría de los adultos no podemos sustraernos a la poderosa atracción que esta cumbre ejerce sobre nosotros, por tanto, decidimos que la mayor parte de los adultos suban lo más rápido posible y dos de los padres se queden con los peques mientras estos disfrutan de la nieve con sus trineos y palas.
Encaminamos, por tanto, nuestros pasos hacia la cima. Protegiéndonos del frío viento que nos azota por momentos, vamos avanzando y ganando altura. De repente vemos en la lejanía una persona que baja de la cumbre, y que parece vestir un abrigo de “domingo” de tonos verdes con sus botones dorados y todo, gorro de lana y pantalones vaqueros, en fin, una indumentaria cuando menos sorprendente un día como hoy. Delante de ella, a unos 20 metros, avanza una chica con indumentaria montañera. Según se van acercando vamos comprobando que sí, que lo que lleva es un abrigo de domingo y, además, calza playeras y no botas. Baja muy despacio por miedo a resbalarse y es evidente que está pasando mucho frío, la verdad es que da bastante lástima. Cuando nos cruzamos con ellas, nos da la impresión de que es extranjera y suponemos que van juntas, lo que no alcanzamos a comprender es cómo la “amiga” lugareña que la acompaña se le ha ocurrido meter a esa pobre chica en semejante berenjenal con el día que hace. En fin, espero sinceramente que llegase pronto al coche y no sufriese demasiado.
Nosotros continuamos con nuestra ascensión que se va haciendo dura por momentos, contemplando al frente la cruz que corona este monte completamente cubierta por la nieve y observando la curiosa forma que la nieve ha esculpido en la valla que está a nuestra izquierda. Por fin hollamos la ansiada cumbre del Gorgomendi o Aloña 1.248 m. Nos hacemos unas fotos, disfrutamos de las hermosas vistas y enfilamos el camino de vuelta aceleradamente. Algunos usamos las palas que hemos llevado a la cumbre, otros bajan patinando y otros caminando tranquilamente. De esta forma llegamos a la borda donde se ha quedado el resto de la “expedición”. Algunos niños ya han comido, otros siguen disfrutando de los trineos, nosotros decidimos comer algo rápidamente e iniciar el regreso cuanto antes, que el tiempo no está para tumbarse al sol.
Tras nuestra apresurada comida recogemos e iniciamos el camino de regreso, un poco desperdigados, siguiendo el mismo itinerario de esta mañana. La temperatura va templando, bueno esto es una manera de hablar, a medida que perdemos altura. Sin ningún contratiempo llegamos a los coches y, tras quitarnos nuestras pesadas botas, nos acercamos a un bar sito junto al aparcamiento para disfrutar de su calor y de unas merecidas bebidas calientes.
En fin, un domingo bien aprovechado a pesar del frío glacial.
Domingo, 27 de noviembre de 2011
DATOS DE LA RUTA:
ACCESO: Alto del puerto de Lizarrusti (622 m), situado en la NA-120 que une la localidad guipuzcoana de Beasain con Etxarri Aranatz, en Navarra.
DESNIVEL POSITIVO: 417 m.
DISTANCIA: 7´15 km (ida y vuelta).
TIEMPO APROXIMADO: 2 h (1 h 10 min de ascensión).
DIFICULTAD: Ascensión fácil, si bien es conveniente no internarse en el hayedo en días de niebla.
Enclavado dentro de los límites del Parque Natural de Aralar, es el Alleko una modesta y poco frecuentada cumbre de 1.108 m que sirve de frontera natural entre las provincias de Gipuzkoa y Navarra. Pese a no ser una cima destacable, su visita nos adentra en un interesante paisaje cuajado de hayas y laberínticos karsts de indiscutible e incuestionable belleza.
Descripción del recorrido realizado:
Dejamos los coches en un amplio aparcamiento situado a la izquierda del Centro de Interpretación del Parque Natural de Aralar, que se levanta en el puerto de Lizarrusti, una de las puertas de acceso más habituales a algunas de las grandes cimas de la sierra de Aralar, como el Putterri, Pardarri, Ganbo, o Irumugarrieta, entre otras. No obstante, nuestro objetivo del día no va a ser ninguna de las cumbres citadas sino el modesto Alleko. Porque no hay monte que no se merezca una visita.
Y para alcanzar este objetivo del día llevamos grabados dos tracks diferentes en dos GPS distintos, de lo cual se deduce que la ascensión al Alleko desde Lizarrusti puede llevarse a cabo de distintas maneras. Y, como es preciso elegir una de ellas, optamos por la que mejor nos parece y comenzamos a andar.
Así que cruzamos una puerta de madera situada detrás del Centro de Interpretación del Parque Natural de Aralar y comenzamos la excursión siguiendo una pista balizada con las marcas rojas y blancas de la Vuelta a Aralar (GR 20.1) que avanza dirección noroeste, la cual conduce también al embalse de Lareo. Esta pista, de tierra y gravilla, avanza entre árboles para más adelante estrecharse al llegar a la altura de la muralla caliza del Lizarrustiko Haitzak (750 m), donde se han abierto algunas vías de escalada deportiva.
Antes de llegar a un estrecho túnel horadado en la roca, nos encontramos a la derecha con un sendero que, según un cartel allí situado, tiene como destino el Allekoko borda, situado 26 min de caminata y 700 m de desnivel.
Tomamos este estrecho sendero de tierra y hierba que sortea entre zig-zags un fuerte desnivel antes de depositarnos en lo alto de un bosque. Lo cruzamos de frente siguiendo un hito allí situado y las marcas verdes y blancas. Craso error, porque muy pronto nos percatamos de que nos estamos desviando de nuestro objetivo. Así que, llegados a este punto, sólo nos quedan dos opciones: o nos damos la vuelta o improvisamos sobre la marcha. Y optamos por la segunda alternativa.
Así que giramos a la izquierda abandonando esas marcas verdes y blancas que nunca debimos seguir y caminamos por el bosque sin ninguna referencia más que nuestra propia intuición. Sorteamos poco después un resalte de roca y llegamos a un cortado desde el cual se ve en la lejanía el embalse de Lareo a nuestra izquierda, el Aratz y el Aizkorri a nuestras espaldas y la característica silueta del Beriain a nuestra derecha. Podría ahora hablar aquí de la espectacularidad de las vistas y de la grandiosidad del paisaje, pero omitiré cualquier alusión que pueda pecar de cierto tono lírico porque luego hay algunos que yo me sé que me toman el pelo, los muy traidores.
Tras un pequeño descansito y unas risas que nos echamos a cuenta de las ocurrencias que tienen algunos hablando con los talkies, seguimos avanzando por este inmenso bosque de hayas dirección este hasta que llegamos –a mí me pareció que milagrosamente, pero algunos lo tenían muy claro– a la cima del Alleko, coronada por dos buzones montañeros, que representan un caserío y un reloj de sol, y los restos de lo que en sus mejores tiempos sería un vértice geodésico.
Unas fotos en la cumbre y a comer, que el hambre apremia.
Y, tras la opípara comida de costumbre, decidimos regresar a Lizarrusti siguiendo el segundo track que teníamos grabado en el otro GPS. Más que nada por variar un poco.
Así que descendemos del Alleko por el lado opuesto al que hemos subido, dirección este, con los ojos puestos en el Puttarri, que –dicho sea de paso– en otra ocasión no se nos escapa. Y cuando todavía no hemos caminado más que unos pasos, el GPS nos dice que debemos torcer a la izquierda y miramos a la izquierda y resulta que hay un sendero. Qué curioso. Caminamos otros pasos más y el GPS nos dice que debemos comenzar a descender por nuestra derecha. Y entonces dirigimos nuestros ojos a la derecha y resulta que hay otro sendero. Sorprendente, pero cierto. Hay que ver qué listos son los GPS.
Así que, obedientes que somos, comenzamos a descender por donde nos ha dicho nuestro aparatito electrónico a través del bosque siguiendo los mugarri que marcan la frontera entre Gipuzkoa y Navarra, hasta que llegamos a una ancha pista que corta perpendicularmente la senda apenas dibujada entre las hojas caídas de los árboles por la que descendíamos.
Aquí el GPS nos dice que debemos torcer a la derecha. Y así lo hacemos. Y a partir de aquí el camino es evidente: sólo hay que seguir las marcas rojas y blancas profusamente diseminadas en medio del espectacular hayedo vestido de ocres otoñales que nos acaban depositando sin problemas en el parking de Lizarrusti. Hemos llegado a él por el lado opuesto al que hemos subido describiendo así una interesante ruta circular. Fin de la excursión. Objetivo cumplido.



















