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Domingo, 25 de septiembre de 2011

DATOS DE LA RUTA:

Cima del Mirutegi

ACCESO: San Román de San Millán / Durruma, localidad alavesa situada a unos 606 m de altitud. Para llegar a San Román desde Bilbao debemos coger la AP-68 y tomar posteriormente la salida 5 para incorporarnos a la N-622 (autovía de Altube). A continuación cogemos la N-1 (dirección Pamplona-Iruña) y, una vez en la N-1, tomamos la salida 385 (Araia – San Román), incorporándonos así a la A-3020. Giramos en la rotonda que nos encontramos a continuación siguiendo un cartel que indica dirección Araia y que nos deposita directamente en San Román.

DESNIVEL: Unos 585 m.

DISTANCIA RECORRIDA: 9´2 km.

TIEMPO APROXIMADO: 3 h 15 min (1 h 45 min de ascensión).

Buzón del Ballo

DIFICULTAD: Fácil.

El Ballo (1.198 m) y el Mirutegi (1.166) son dos conocidas cumbres alavesas enclavadas en plena sierra de Entzia y rodeadas de espesos hayedos y extensas campas que conforman un paisaje de inigualable y extraña belleza.

Ascenderemos a estas dos cimas de la geografía vasca siguiendo un camino profusamente balizado que arranca en la localidad alavesa de San Román de San Millán y atraviesa frondosos hayedos antes de alcanzar el rocoso portillo de Atau. Desde allí dirigiremos nuestros pasos hacia la cruz que corona la cima del Mirutegi, separada del portillo de Atau por las extensas y verdes campas de Legaire.  Y una vez en el Mirutegi, que se asoma desafiante a la Llanada Alavesa, tan sólo nos restan unos 500 metros de lapiaz para alcanzar la cima del Ballo, que ostenta el gran honor de ser la cumbre más elevada de la sierra de Entzia.

DESCRIPCIÓN DEL RECORRIDO REALIZADO:

Dejamos aparcados los coches en la Plaza Mayor de San Román, junto a la iglesia. Desde allí ascendemos hacia la parte alta del pueblo hasta llegar a una fuente-abrevadero, junto a la cual nos encontramos con un cartel de madera que nos indica que el Ballo se halla a 4 km de este punto.

Junto a la fuente de San Román

Se puede continuar por la izquierda, siguiendo la indicación del cartel, y ascender por la calle Bizkai hasta llegar a la altura de una portada metálica. Allí disponemos también de una amplia zona donde dejar los coches. Nosotros, sin embargo, para evitar pisar tanto cemento, cogemos un sendero que arranca de detrás de la fuente del pueblo, sortea un pequeño puente y pasa junto a un pabellón antes de desembocar en el mismo lugar: la portada metálica y el paso canadiense que suponen el punto de inicio de la ruta que nos disponemos a realizar en este soleadísimo primer domingo de otoño.

Después de cruzar el paso canadiense nos encontramos con una ancha pista de gravilla y un cartel que nos indica que estamos a 0´4 km de San Román; a 2´6 km de Urabain y 5´3 km de Ilarduia siguiendo por el vial de la izquierda; y a 3´5 km de Vicuña/Bikuña si continuamos de frente. Seguimos adelante dirección Bikuña, pasamos junto a un depósito de aguas y tomamos una desviación a la izquierda, bien señalizada con un poste de madera con marcas rojas y blancas que nos indica que nuestro camino discurre por la GR-25. La gran cruz de hierro que traspasa como una espada el espolón rocoso del Mirutegi nos vigila desde las alturas.

Cruzando el paso canadiense

Desvío a la izquierda

Muchos son los atajos provistos de hitos que a partir de este punto nos invitan a abandonar nuestro camino. Pero nosotros, desobedientes que somos, continuamos por la pista sin desviarnos en ningún momento. Pronto comenzamos a penetrar en un frondoso bosque de hayas que sirve para cobijarnos del exceso de sol del día de hoy. Pasamos junto a dos puestos de caza encaramados en dos árboles, que, como era de esperar, ejercen una irresistible atracción entre el público menudo y no tan menudo, lo que nos obliga a hacer un alto en el camino esperando a que unos suban y otros bajen.

Caminando por la pista

Encaramados en los árboles

Tras este breve paréntesis reanudamos nuestra marcha caminando bajo la sombra protectora de los árboles hasta que nos encontramos con un desvío a la izquierda, mucho más señalizado que los otros que hemos dejado atrás: dos grandes rocas a ambos lados del sendero con dos enormes flechas rojas pintadas en ellas. Así que, ante tanta insistencia, en esta ocasión sí que decidimos abandonar la pista y adentrarnos en la espesura del bosque.

Siguiendo los hitos que marcan nuestro camino e impiden que nos perdamos, salimos del bosque a terreno descubierto y la tierra que pisábamos deja paso a un camino de piedras que va ganando altura rápidamente y nos deposita en el rocoso portillo de Atau, a 1.100 metros de altitud. Después de cruzarlo un paisaje totalmente diferente se abre ante nuestros ojos: las extensas campas de Legaire y su impresionante belleza. Aprovechamos el lugar y el momento para tomarnos un pequeño refrigerio antes de atravesar esta extensa explanada de hierba que nos separa de la cima del Mirutegi, coronada por una altiva cruz de hierro colocada allí por el club de montaña Manuel Iradier en 1965 con ocasión de su XVI aniversario y que desde entonces vigila y protege la amplia Llanada Alavesa que se extiende bajo sus pies.

Portillo de Atau

Campas de Legaire

Impresionante es el cortado que se abre ante nosotros e impresionantes son también las vistas que pueden contemplarse desde el Mirutegi (1.166 m), un privilegiado mirador natural de la Llanada Alavesa y de los montes que la circundan: el Egino y la enorme brecha alargada que forma la cueva de Leze, el perfil inconfundible del Aratz, la escarpada sierra del Aizkorri, Urbasa, Andía…

Junto a la cruz del Mirutegi

Desde el Mirutegi dirigimos nuestros pasos hacia la izquierda, dirección sur, siguiendo la cresta rocosa que separa esta cima de la cumbre del Ballo (1.198 m), coronada por un vértice geodésico y un buzón montañero.

En el Ballo

Y, tras cumplir nuestro objetivo del día, nos sentamos a comer bajo la sombra de las hayas y regresamos poco después a San Román siguiendo el mismo camino por el que habíamos venido.