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Domingo, 17 de enero de 2010

                     Buzón del Urkiolamendi

Buzón del Urkiolamendi

Hora y lugar de encuentro: 9:45 en la gasolinera que está situada a la altura de Amorebieta,  en la A-8. Y a las 10:15 en Atxarte (Abadiño).

DATOS DE LA RUTA:

Acceso: Ermita del Santo Cristo de Atxarte (270 m), en Abadiño (Bizkaia). Para llegar allí hay que tomar la carretera Durango-Elorrio y, una vez en Abadiño, coger una desviación que indica “Mendiola”. Continuamos por esta carretera sin desviarnos y unos dos kilómetros después de atravesar los últimos caserios de Mendiola llegamos a las canteras de Atxarte, lugar donde se halla ubicada la ermita del Santo Cristo de Atxarte.

Desnivel: 741 m.

Tiempo aproximado: 2h 20´ (1h 15´de ascensión).

Dificultad: Media

La loma herbosa y redondeada del Urkiolagirre o Urkiolamendi, enclavado en pleno Parque Natural de Urkiola, ofrece un llamativo contraste con las peñas calizas de los montes que lo rodean. Su ascensión desde el Santuario de Urkiola es tan sencilla que habitualmente suele ser un complemento para todos aquellos montañeros que se acercan desde el Santuario al mítico Anboto. No obstante, la ruta que proponemos aquí – la más larga de todas – confiere a este modesto monte una singularidad y protagonismo especial. Además, su ascenso desde el desfiladero de Atxarte, una angostura entre el Astxiki (791 m) y el Untzillatx (941 m), permite convertirse en espectador privilegiado de la belleza de todos los montes del macizo del Durangaldea.

DESCRIPCIÓN DEL RECORRIDO REALIZADO:

Dejamos aparcados los coches enfrente de las viejas canteras de Atxarte, situadas a los pies del Untzillatx. Y aunque no podemos negar que estas canteras, hoy en día cerradas y abandonadas, afean notablemente la belleza del entorno, tampoco podemos dejar de reconocer que no constituyen óbice alguno para que el caminante se sienta empequeñecido y sobrecogido en medio de este impresionante paraje rodeado de enormes y desafiantes paredes de roca caliza y rodeado de historias y leyendas antiguas que nos hablan de un pasado cargado de magia. Porque este lugar constituye, sin lugar a dudas, una mágica e inigualable puerta de entrada a la indescriptible belleza del Parque Natural de Urkiola.

                         Cruzando el puente

Cruzando el puente

Comenzamos nuestro recorrido por este precioso rincón de Bizkaia cruzando el pequeño puente situado a final de la carretera por la que hemos venido. A nuestra derecha dejamos la ermita del Santo Cristo de Atxarte, la cual, según cuenta la tradición, fue construida para detener las correrías de las lamiak que habitaban en la cueva Atxarteko koba, que se hallaba situada justo detrás de la ermita y que hoy ha desaparecido a causa de las canteras. La propia ermita es una reconstrucción de la original, que –al parecer– fue hundida por una voladura. Unas pérdidas irreparables.

                      Caminando por un hayedo

Caminando por el hayedo

Nada más cruzar el puente que se alza sobre el arroyo de Atxarte vemos a nuestra izquierda los restos de un antiguo molino de agua. Y a la derecha nos encontramos con una desviación que vuelve a cruzar el río por un precioso puentecito de piedra que conduce al antiguo camino que unía Abadiño y Urkiola. Sin embargo, no tomamos esa desviación sino que seguimos de frente por una pista de cemento que asciende hasta llegar a una zona llana en la que hay habilitada una pequeña explanada de cemento donde dejar los coches. Justo allí nace un sendero a mano izquierda, que es precisamente el que cogemos. Escasos metros después, nada más cruzar una alambrada por un paso habilitado para ello, la senda describe una fuerte curva a la derecha y asciende por un bosque de hayas centenarias. A nuestra izquierda podemos contemplar las impresionantes crestas rocosas del Astxiki.

                       Campas de Artola

Campas de Artola

Continuamos por la senda sin desviarnos, descartando una bifurcación a la izquierda, marcada con un hito, la cual conduce al collado del Astxiki. Escasos minutos después de la citada desviación alcanzamos las campas de Artola (también conocidas como praderas de Genzelai). Allí una gigantesca torre de alta tensión descansa impasible al lado de unas viejas y preciosas hayas bajo el manto protector de una enorme pared de roca caliza. El pasado y el presente unidos. La mano del hombre y la fuerza de la naturaleza conviviendo en armonía en medio de un idílico paraje de cuento de hadas.

                       Señales indicadoras

Señales indicadoras

En las campas de Artola nos encontramos con unos carteles de madera que nos indican tres direcciones distintas: el collado de Artola, situado a 20´ , Atxarte, a 30´; y, por último, Asuntze, adonde se llegaría en 45 minutos siguiendo el camino que está situado justo enfrente de nosotros.

Nuestra intención es ir hacia Asuntze, así que continuamos caminando por la ancha pista de tierra por la que el citado cartel nos invita a seguir. Pronto nos daríamos cuenta de que el cartel de madera no marcaba la dirección correcta. De hecho, a la vuelta nos volvimos a detener en el cartel y, mirando con más detenimiento, pudimos ver que algún buen samaritano, que se había percatado antes que nosotros del error, había escrito a bolígrafo sobre el mismo cartel de madera “Asuntze” con una flecha que indicaba la dirección correcta. Porque, llegados a este punto, no hay que seguir recto sino continuar por detrás del hayedo siguiendo una senda de hierba dirección sudeste bajo la falda del Alluitz.

                       Senda a la izquierda

Senda a la izquierda

No obstante, nosotros –que en ese momento no sabíamos nada– seguimos por el camino que indicaba el cartel, una pista de tierra que poco después comienza a descender y acaba uniéndose con una ancha pista de grava que viene de Atxarte. Continuamos por la citada pista, que sigue paralela al arroyo de Mendiola, hasta que ésta describe una fuerte curva de 180 grados justo después de pasar junto a una enorme y majestuosa haya.  Allí nos damos cuenta claramente que si continuamos caminando por la pista nos alejaremos de nuestro objetivo, así que la abandonamos cogiendo una estrecha senda a nuestra izquierda que asciende en fuerte repecho por un precioso bosque de hayas.

Tras sortear esta corta pero fuerte pendiente, enlazamos con la senda que viene de las campas de Artola y continuamos por ella hasta llegar al paso de Asuntze (880 m) y a las campas de Pol-Pol, donde se encuentra la famosa fuente ferruginosa.

Decidimos allí hacer un alto en el camino para tomarnos nuestro merecido almuerzo. Después de comer al abrigo de un pequeño refugio, la mitad del grupo más o menos inicia el descenso por el mismo sendero por el que habíamos venido mientras que la otra mitad tomamos la decisión de visitar el cercano Urkiolamendi.

                    En el Urkiolamendi

En el Urkiolamendi

Así que ascendemos por su ladera herbosa hasta coronar su cima, presidida por un buzón, un vértice geodésico y una mesa de orientación. Allí tenemos la oportunidad de disfrutar una vez más de las increíbles vistas que desde este discreto monte pueden contemplarse: todo el cresterío Alluitz-Anboto, hoy cubierto de unas finas y entrecortadas capas de niebla que confieren a este abrupto y espléndido paisaje un aspecto realmente impresionante.

Tras las fotos de rigor, descendemos por la misma ladera por la que habíamos subido y nos encaminamos de nuevo hacia Atxarte, adonde llegamos escasos minutos después que el resto del grupo. Una vez más, hemos podido disfrutar de una bonita y agradable jornada montañera a pesar del barro que nos ha acompañado durante casi todo el camino.