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Vértice geodésico del Monte Perdido

Vértice geodésico del Monte Perdido

El Monte Perdido, con sus 3.355 metros de altitud,  es la montaña calcárea más elevada de Europa Occidental y la tercera cumbre más alta de los Pirineos.

Ascenderemos a este popular y emblemático monte en dos etapas siguiendo su vía de acceso más habitual: la que parte de la Pradera de Ordesa , atraviesa el inmenso circo de Soaso, llega hasta la famosa cascada Cola de Caballo y, tras pasar por el refugio de Góriz, remonta hasta el diminuto Lago Helado para ascender por la conocida escupidera final que conduce a esta grandiosa y espectacular montaña enclavada en uno de los parajes pirenaicos más majestuosos y bellos: el Parque Natural de Ordesa y Monte Perdido.

1ª etapa: Sábado, 21 de agosto de 2010

Recorrido: Pradera de Ordesa (1.310 m) – Cascada Cola de Caballo (1.850 m) – Refugio de Góriz (2.160 m)

Desnivel positivo: Unos 900 metros.

Tiempo aproximado: 4 h. 30´ (según un panel indicador situado en la Pradera de Ordesa)

Dificultad: Media-alta.

Llegamos a las 12:30 del mediodía a Torla (1.032 m), un precioso y turístico pueblo del alto pirineo aragonés situado a unos 6 km. de la Pradera de Ordesa. En Semana Santa y verano, épocas de máxima afluencia de público al Parque Natural de Ordesa y Monte Perdido, el acceso de vehículos a la Pradera de Ordesa está restringido, razón por la cual los únicos medios de llegar al Valle de Ordesa es a pie o tomando un autobús que cubre el servicio Torla-Pradera de Ordesa-Torla cada cuarto de hora y cuyo precio ida y vuelta es de 4´50 euros por persona. Y esta última es precisamente la opción que elegimos nosotros.

Así que, tras dejar nuestros vehículos convenientemente aparcados en un amplio parking de Torla, cogemos todos nuestros bártulos y esperamos pacientemente durante unos minutos al autobús que poco después nos conducirá a la Pradera de Ordesa, lugar desde donde iniciamos la marcha a pie. Es aproximadamente la una y cuarto de la mañana de un día que ha sido vaticinado como el más caluroso del año. Y, efectivamente, el calor es abrasador, lo cual no ha sido óbice para que sean muchos los aficionados a la montaña y al senderismo que se hayan animado a acercarse por estas latitudes dispuestos a pasar una agradable y soleada jornada de verano en plena naturaleza. Entre ellos, nosotros: un pequeño grupo formado por cinco adultos y tres niñas.

Nuestro primer objetivo es la espectacular cascada conocida con el nombre de Cola de Caballo. El camino que conduce de la Pradera de Ordesa a la Cola de Caballo es un tranquilo paseo de unos 8 kilómetros de longitud y 580 metros desnivel acumulado que, remontando el curso del río Arazas,  discurre entre hayas, pinos y abetos y nos permite disfrutar de bonitos saltos de agua, como la Cascada de Arripas, de la Cueva o del Estrecho, así como del espectacular circo de Soaso.

El camino arranca de la oficina de Información situada en la Pradera de Ordesa. Al lado de la citada oficina nos encontramos con una bifurcación y varios paneles informativos que nos indican que el camino de la derecha conduce a la Senda de los Cazadores y a la Faja de Pelay, mientras que el de la izquierda, que es el que cogemos nosotros, conduce a la Cola de Caballo (3 h) y al Refugio de Góriz (4h 30 min) por la GR 11. Poco después un nuevo cruce de señales nos indica que debemos continuar por la derecha y, a partir de aquí, sólo es preciso seguir las marcas rojas y blancas de la GR y dejarse llevar por la marea humana que se dirige a la cascada Cola de Caballo a través de un camino transitadísimo.

Iniciando el camino

Segunda desviación

Primera desviación

Y he aquí la famosa cascada:

Cascada Cola de Caballo

Una vez que hemos llegado a la cascada, las niñas aprovechan para darse un relajante baño en el río y, mientras comemos, observamos la hilera de personas que suben y bajan por las clavijas y cadenas de Soaso, situadas a la derecha de la cascada. Cuando no hay hielo no se puede calificar este paso de peligroso, salvo para aquellos que padezcan de vértigo o que sientan animadversión a las trepadas. No obstante, por pura precaución, decidimos que es mejor que la niña más pequeña del grupo no pase por las clavijas, razón por la que ella, acompañada de uno de sus padres, toma un camino sinuoso que se desvía hacia la derecha, una vez cruzado el río por un puente metálico, para después unirse con el camino que viene de las clavijas. Tomar esta ruta alternativa supone andar unos 20´ más, pero es recomendable en caso de duda. Los demás, mientras tanto, remontamos la ladera pasando por las clavijas de Soaso, tomamos el sendero que se dirige hacia la izquierda y, siguiendo las marcas rojas y blancas, llegamos todos al refugio de Góriz sin ningún contratiempo.

Clavijas y cadenas de Soaso

Llegando al refugio de Góriz

Encontrar plaza en Góriz es difícil  en verano si no se hace la reserva con tiempo, como ha sido nuestro caso. Así que, prevenidos como estábamos, hemos subido hasta allí con nuestras tiendas de campaña. Y no hemos sido los únicos si tenemos en cuenta la gran cantidad de tiendas que inundan las inmediaciones del refugio.

Montamos las tiendas en un pequeño hueco que encontramos libre y, una vez instalados y después de que algunos nos animemos a darnos una ducha de agua fría (porque agua caliente no hay), disfrutamos todos de una copiosísima y sabrosa cena en Góriz. Porque hay que decir que en el refugio de Góriz existe la posibilidad de cenar y de desayunar incluso para la gente que no esté alojada en él. Y de ahí a los sacos de dormir, en espera del nuevo día.

2ª etapa: Domingo, 22 de agosto de 2010

Recorrido: Refugio de Góriz (2.160 m) – Monte Perdido (3.355 m) – Refugio de Góriz (2.185 m) – Cascada Cola de Caballo (1.850 m) – Pradera de Ordesa (1.310 m)

Desnivel: Unos 1.200 m. de desnivel positivo (2.100 m. de desnivel acumulado).

Tiempo aproximado: 9 h. 30´ (3 h. de ascensión).

Dificultad: Alta. Excursión algo larga, pero sin dificultades técnicas en ausencia de nieve o hielo.

Y el nuevo día llega al fin. La niña más pequeña del grupo, de 7 años, se queda en el refugio con su padre, aprovechando que este último había subido al Monte Perdido hacía escasas dos semanas. Los demás, cuatro adultos y dos niñas de 11 años, desayunamos bien temprano y a las 7:45 comenzamos la ascensión a esta mítica montaña. Para ello tomamos una senda que asciende dirección noreste por encima del refugio, siguiendo los pasos de decenas de montañeros que se disponen hoy a hacer el mismo recorrido que nosotros. Los abundantes hitos que encontramos por el camino nos conducen sin pérdida hasta el Lago Helado, situado entre el Monte Perdido (a la derecha) y el Cilindro de Marboré, que eleva sus 3.335 m. de altitud a la izquierda del lago.

Dejamos el refugio atrás

Junto al Lago Helado

Desde el Lago Helado se divisa con total claridad la afamada escupidera final que conduce al Perdido: una pedrera con una fuerte inclinación del 35% tristemente célebre por ser el punto de Pirineos donde se registran mayor número de accidentes mortales. Un cartel situado a la derecha del Lago Helado nos advierte precisamente de la peligrosidad de este tramo. Sin embargo, es preciso señalar que este desgraciadamente famoso lugar es peligroso sólo en el caso de existencia de nieve dura o hielo. En caso contrario no pasa de ser simplemente  un tramo incómodo debido a la piedra suelta que dificulta la ascensión. Y hoy no hay nada de nieve. Así que adelante.

Cartel de zona peligrosa

Escupidera final

Iniciamos, pues, la ascensión por la escupidera, que nos conduce hasta el collado superior o antecima. Ya sólo nos restan unos metros por la derecha para alcanzar el vértice geodésico que corona la cumbre del Perdido, hoy completamente adornado de telas multicolores.  Hemos tenido suerte: a medida que nos acercábamos a la cima veíamos cómo la niebla se iba disipando poco a poco y cómo el viento arrastraba a toda velocidad las nubes.  Son las 10:55 de la mañana y un sol radiante nos ha recibido al llegar arriba para mostrarnos el espectacular paisaje que rodea la cima del Perdido. Todo un placer para la vista.

En la cima del Monte Perdido

Muchas fotos, un tentempié y abajo otra vez. Comemos en Góriz e iniciamos el regreso hacia la cascada Cola de Caballo y, de ahí, a la Pradera de Ordesa, esta vez sin pasar por las clavijas de Soaso. Ha sido un corto pero intenso fin de semana en el que todos hemos disfrutado como niños.